En las Estepas del Asia Central, Alexander Borodin

[V srednej Azii). Obra sinfónica compuesta en 1880. En ella el autor ha querido, como expresó en una dedicatoria que precede a la parti­tura, evocar las estepas del Asia, donde resuenan, al paso de una caravana escol­tada por soldados rusos, los cantos de los indígenas y de los rusos, alternándose al principio y luego confusos hasta perderse en el desierto. En su brevedad, la compo­sición, característico ejemplo de «música de programa», está conducida con un claro sentido de las proporciones, con viva sen­sibilidad colorista y de timbre.

La melodía inicial: está confiada a los clarinetes, a les que res­ponden las trompas y el corno inglés, sobre un largo pedal superior de los violines. La composición se desarrolla hasta un episodio central en que toda la orquesta repite, fortísimo, el tema inicial. Sigue un nuevo epi­sodio en que el carito está confiado a los violoncelos sobre el tema: que pasa luego a los violines y a las violas. Un gradual decrescendo, con la vuelta al tema inicial, confiado por última vez a la flauta sobre una repetición del pedal superior de los violines, conduce a la con­clusión. En las estepas del Asia Central, que es quizá la partitura más conocida y ejecutada, Borodin muestra, en la técnica, en el equilibrio constructivo y en la sensi­bilidad armónica, la ingeniosa variedad que le valió ser considerado como el músico más refinado del grupo de «Los cinco». En este breve cuadro sinfónico, y con medios bastante sencillos, consigue el autor de El Príncipe Igor (v.) una página eficazmente evocativa (donde la pura descripción está superada sin equívocos) que testimonia un talento vigoroso y original.

L. Cortese