El Pirata, de Vincenzo Bellini (1801- 1835), ópera seria en dos actos, con libreto de Felice Romani (1788-1865), fue representada en Milán en 1827. Es la tercera ópera del autor de Norma (v.), en la que su personalidad encuentra mejor que en parte alguna acentos que tienden a precisarse. Con esta ópera atrajo Bellini sobre sí la atención del público y de los músicos, y obtuvo en seguida numerosas representaciones en los principales teatros europeos.
Gualterio, ya conde de Montaldo y partidario del rey Manfredo, habiéndolo perdido todo, abandona la patria y su novia, Imógenes, haciéndose jefe de los piratas aragoneses. Durante su ausencia, Imógenes se ve obligada, para salvar a su padre, a casarse con Ernesto, duque de Caldora, partidario de la casa de Anjou y enemigo acérrimo de Gualterio. Un día la tempestad arroja a Gualterio a la costa y se da cuenta de que está en su país natal. Sabe entonces que Imógenes es la esposa de Ernesto; en su furor quiere matar al hijo que ella ha tenido de su enemigo; pero la mujer logra aplacarle, tratando de justificar su decisión. Él, entonces, sólo vive para vengarse y matar a su rival, el cual termina cayendo en un duelo.
Entonces Gualterio es condenado al suplicio, en tanto que Imógenes se vuelve loca. La trama del argumento no se aleja de tantas otras de su tipo, comunes al primer melodrama del siglo XIX; sin embargo, los versos de Romani son en gran medida superiores a la producción corriente, y las situaciones dramáticas tienen mayor consistencia. La música, aunque todavía ecléctica e imprecisa, determina ya las características hacia un lirismo límpido y puro, que informará más tarde el estilo de Bellini en las mejores óperas. Aparte la obertura, en la que Bellini toma algunos fragmentos de la Adelson y Salvini, viva y variada, pero todavía demasiado afecta a una escuela, se pueden hallar en esta obra elementos dramáticos que no aparecerán ya más en Bellini, inclinando su inspiración hacia una purificación lírica que llegará a su cúspide en la limpia línea vocal de la Casta diva.
El coro de la tempestad en aquélla es el mismo de los piratas; a pesar de la ingenuidad de la escritura y de la construcción, mantienen su frescura y su ímpetu dramático. Pero entre las páginas ya completamente bellinianas, en su espontáneo fluir melódico, unido a ciertos recitales, ha de recordarse el aria de Gualterio «en el furor de las tempestades» (la cual constituyó el triunfo del célebre tenor Rubini en la primera representación), el dúo entre Imógenes y Gualterio «Tú, desgraciado», y el aria de Gualterio en el segundo acto «Tú verás a la desventurada».
L. Rognoni

