[Il galateo]. Breve tratado de cortesía, de monseñor Giovanni della Casa (1503-1556), publicado en 1558. El libro tuvo este título sugerido al autor por Galeazzo (Galateo) Florimonte, obispo de Sessa. Un viejo «idiota», es decir, un iletrado, un hombre sin muchas ceremonias, que aconseja a un jovencito, enumera todos los gestos y las cosas desagradables que hay que evitar cuando se encuentra uno en compañía de otra gente, en una conversación o ante la mesa. Se exponen normas sobre la manera de vestirse «para no despreciar a los demás»; sobre la manera de comportarse en las ceremonias, entre las cuales distingue las que se hacen por utilidad, por deuda y por vanidad. Se desaprueban las burlas, los escarnios, las palabras que ofenden, y se aconsejan las agudezas y los chascarrillos ligeros y sutiles, indicio de ingenio vivaz. El autor se detiene también sobre el modo de hablar, da consejos sobre los vocablos que hay que emplear y los que hay que evitar; entre los ejemplos, se desaprueban como vulgares y poco decorosas algunas palabras usadas por Dante. Se especifican los caracteres de los interlocutores en una conversación: los demasiado habladores, los presumidos, los vacíos y los demasiado callados. Por regla general, Della Casa desaprueba todo exceso, y se mantiene, con sus enseñanzas, en el clima anónimo de la «aurea mediocritas», en el culto de la proporción, peculiar del Renacimiento italiano. La belleza, la gracia y la proporción, dice, se encuentran no solamente en los cuerpos y en la naturaleza, sino en toda palabra y obra humana.
Termina el tratado con las normas para comportarse en la mesa, y con la condena de la intemperancia en la bebida. El libro, escrito en un idioma elegante, no es solamente un tratado de etiqueta, sino también un compendio de enseñanzas morales dictadas por una larga experiencia y una refinada cultura; el autor ha sabido fundirlas con sereno y recto juicio, en una forma sencilla, desprovista de pedanterías y redundancias. El tratado, cuyo título significa hoy en día en Italia buena crianza y educación, se puede leer todavía con gusto, como un producto secundario, pero significativo, del Humanismo.
E. Allodoli

