Novela del escritor Benito Pérez Galdós (1843-1920), publicada en 1882. Máximo Manso (el apellido está puesto adrede) es un joven estudiante de filosofía que tras haberse arrancado, en la ideal compañía de filósofos y problemas, de la vulgaridad diaria de la existencia, se ve sometido a una serie de ataques burlones por parte del destino, que le hacen perder la tranquilidad y la vida. El origen de la tragedia se halla en las relaciones que el filósofo tiene naturalmente con sus semejantes y en las que establece con su propio discípulo y con una joven a la que ha favorecido. Desde el momento en que se desencadena contra Máximo la ofensiva de los afectos y de los intereses humanos, su vida asume un ritmo alocado, cómico y trágico al mismo tiempo. La novela puede parecer impulsada por el pesimismo, pero evidentemente sucede así sólo porque es el mismo Manso quien narra sus propias vicisitudes: las personas que en su altruismo forzado de hombre débil se convierten en auténticos perseguidores, son en realidad hombres y mujeres iguales a mil más: ni buenos ni malos. Queriendo extraer un doble sentido de la narración agridulce de Galdós, habría que concluir que el mal es una entidad sin fisonomía propia, que resulta no ya de una categoría trascendente, sino de la pluralidad de las existencias y exigencias humanas. Pero evidentemente el novelista no se ha planteado siquiera este problema y el curioso argumento ha sido para él sólo un pretexto para hacer desfilar ante los ojos del lector una multitud de tipos y figuras creadas con tal arte que, cuando no se piensa en Balzac, recuerdan a Dickens.
A. R. Ferrarin

