Doce composiciones instrumentales (op. 6) para instrumentos de cuerda y cémbalo, escritos en Londres en 1739. A éstas se pueden añadir los Concerti grossi op. 3 (1734) conocidos comúnmente como Conciertos para oboe, donde el oboe, sin embargo, sólo raramente juega papel de solista, contentándose casi siempre con reforzar a los violines. Georg Friedrich Hándel (1685-1759) se atuvo al modelo de los Concerti grossi de Corelli (quien perfeccionó y definió este género instrumental) más que a los ya profundamente diversos de Locatelli y de Vivaldi, a pesar de que las obras de este último, desde el año 1723 habían suscitado precisamente en Londres gran entusiasmo. Cada «concerto grosso» comprende de dos a seis movimientos y su forma oscila entre la «suite» y la «sonata» y hasta la «obertura»; en esto se revelan la libertad creadora y la espontaneidad de Hándel, confirmadas por otra parte por la rapidez de la composición de los doce Concerti; los cuales por esa misma razón no tienen todos un valor igual.
Mientras algunos (por ejemplo, los Concerti grossi números 7, 10, 11 y 12) ofrecen en conjunto escaso interés, y solamente alguna página está animada por el vasto aliento del canto hándeliano («Larghetto», del número 12) o de una fresca gracia («allegro moderato», del número 10); otros (como los números 2, 4 y 6, que es el más conocido por la famosa «Musette»), gozan de una inspiración constante que sabe recogerse en la sosegada e íntima melancolía de los «larghetti» para después entregarse en algunos «allegri», a los ritmos gozosos de aquellos cantos y danzas agrestes que Hándel amaba, o abandonarse a una luminosa felicidad que huele a campos y rebaños; y aquí y allí movimientos o pasajes y diálogos entre los dos violines del «concertino» o entre el «concertino» y los «tutti» tienen caracteres profundos y momentos dramáticos, pero todo siempre penetrado de la serenidad espiritual y del sentido de espontaneidad y rica musicalidad en que se reconoce la constante de todo el arte hándeliano.
G. Graziosi

