Don Nicolás Fernández de Moratín (1737-1780), que en sus poesías había mostrado su interés por la fiesta taurina (Oda a Pedro Romero y Fiesta de toros en Madrid), dirige esta relación de los progresos del toreo al Príncipe Pignatelli. Aunque Jovellanos en una carta a Vargas Ponce cree recordar que se publicó en 1770, no se conoce edición anterior a la de 1777, y ésta nos atrevemos a considerar como primera. Una serie de consideraciones sobre la aptitud de los españoles para sortear los toros y sobre las razones por las que no les considera de tanto riesgo como los adversarios de la fiesta de toros suponían, muestran su simpatía por el espectáculo. Pero lo más interesante de la Carta es un breve compendio de la historia del toreo, tal como entonces se suponía su desarrollo, y en esta parte sin noticias apenas apreciables; son sumamente interesantes las que da de la fiesta en el siglo XVIII, que constituyen fuente segura de sus vicisitudes en tal tiempo. Mas sobre el interés que en estos aspectos puede ofrecer, es fundamental su importancia por haber sido fuente de gran parte de los aguafuertes de Goya que constituyen la serie La Tauromaquia y aun es conjetura plausible que la primera idea del pintor aragonés debió ser ilustrar la Carta. Ello le da un valor muy subido y la sitúa entre los escritos más. interesantes en la historia del arte (taurino y pictórico) del siglo XVIII.
J. M.a de Cossío

