Una Carta Perdida, Ion Luca Caragiale

[O scrisoare pierdutá]. Es la comedia más famosa del escritor rumano Ion Luca Caragiale (1852- 1912), representada en el año 1885. La se­ñora Zoé (v.), mujer de Zacarías Trahanache, presidente de varios comités y co­micios y principal defensor del partido gu­bernativo en su país, pierde una carta que le ha enviado su amante Esteban Tipátescu, prefecto de la provincia y amigo de su ma­rido. La carta es encontrada por un desco­nocido borrachín que el autor llama el Ciudadano Maniático, el cual se la deja quitar con malas artes por el jefe de la oposición, el abogado Nae Catavencu (v.). Éste comprende en seguida que aquel do­cumento puede servirle y, ante la inminen­cia de unas elecciones, amenaza al prefecto con publicarla, si no le ayuda a ser elegido diputado. El prefecto no se deja intimidar; manda detener a Catavencu y ordena un registro en su casa; pero la carta no se encuentra y él, por fin, se compromete a sostener su candidatura. Pero el prefecto recibe entretanto un telegrama del gobier­no que le manda proponer otro candidato, Agamitá Dandanache. Catavencu, ya segu­ro de ser elegido como candidato, recibe un golpe inesperado cuando, reunidos los re­presentantes de los diversos partidos bajo la presidencia de Zacarías Trahanache, sale el nombre de Dandanache; el prefecto ha podido faltar a su promesa, por haberse enterado de que se puede contestar con otro golpe a Catavencu, puesto que es culpable de hurto y falsificación, de lo cual posee pruebas el marido de su amante. Al saberlo Catavencu, se contenta con avenirse a los deseos de la señora Zoé (a quien mien­tras tanto, el Ciudadano Maniático ha traí­do la famosa carta, perdida también por el abogado socialista), capitaneando una ma­nifestación pública en honor de Dandana­che. La comedia no sólo es un sátira del sistema electoral, sino que ataca especial­mente a los pequeños burgueses de la Ru­mania de fines del siglo XIX, los cuales, habiendo prosperado en el ambiente del «mahala» (suburbio) semioriental, se habían revestido de los oropeles de la civilización occidental, sin poseer la educación nece­saria.

G. Lupi