Zenobia

Protagonista de La novela de Blithedale (v.), del escritor americano Na­thaniel Hawthorne (1804-1864). En la leyenda a la manera de Hoffmann que cons­tituye la estructura interna de la obra, Zenobia es una princesa imperial de Orienté que ha caído bajo el sortilegio de un mal­vado hechicero (el doctor Westervelt); re­chazada por otro hechicero (Hollingsworth, v.), a quien se dirige en solicitud de auxi­lio, sucumbe a la desesperación.

En la ochocentista comunidad fourierista ameri­cana que sirve de marco escénico a la obra, Zenobia es una espléndida mujer muy rica, «a punto de llegar al umbral de la más sazonada madurez»; amargada por la tremenda ingratitud de un hombre por cuyo amor arruinó su vida, Zenobia ha volcado toda su pasión en un desdeñoso feminismo racionalista grotescamente incongruente con su verdadero carácter. Zenobia se une a los teorizadores reformistas sociales de Blithe­dale y busca la amistad del alocado filán­tropo Hollingsworth, pero al ser engañada y repudiada por éste, se suicida. Zenobia es una exótica, no sólo entre los colonos de Blithedale, sino entre las heroínas de la literatura narrativa americana.

Como dice su locura, había abandonado sus armas,- y cuando piadosamente las recogen en un trofeo con el cartel «Armadura del paladín Orlando», se encuentran con el sarraceno Mandricardo (v.), que, ante sus mismos ojos, se apodera de la espada Durindana, que hacía tanto tiempo codiciaba. Ante se­mejante ultraje al desdichado Orlando, Zer­bino, a pesar de la inferioridad de sus ar­mas y de su fuerza, reta al sarraceno, pero su alarde de valor resulta inútil, ya que Mandricardo le derrota y se lleva la anhelada presa, mientras el muere en brazos de su Isabel, más dolorido por ésta, a quien abandona indefensa en aquella soledad, que por sí mismo. Patética muerte, que viene a sellar su historia de amor y caballería y que en medio de las aventuras del Orlando furioso pone una nota delicada que diríase propia del Tasso.

M. Furbini