Virginia

[Virginie]. Personaje de la no­vela Pablo y Virginia (v.), de Jacques- Henri Bernardin de Saint-Pierre (1737-1814). Aunque alejada de la vida por su misma perfección, imposible de concebir en este mundo, nos parece haberla conocido y ama­do: su pureza, su amor y todas sus acti­tudes no se hallan en la tierra, pero sí en la irrealidad angélica del sueño, que no es menos nuestra que las pesadas horas del día.

Lo que primero nos impresiona de ella, en medio del maravilloso e idílico paisaje de la isla en que vive, son tres miradas: la que imaginamos dirige a Pablo (v.) cuan­do éste la lleva, cansada, en sus ya fuertes brazos tras un largo camino; la que, con el corazón henchido de angustia y los ojos preñados de lágrimas, dirige a la nave que, con sus rojas luces encendidas, se dispone a zarpar para Francia, en la noche que pre­cede a su forzada partida; y finalmente la que dirige a Pablo, a su madre, a la isla que la vio nacer, a su pasado, a sus mismos juegos infantiles y sobre todo a Dios, más alto que todos los afectos y puerto seguro para ella y para todos, desde el barco, an­tes de morir…

Y si no existen mujeres como Virginia, ni hombres como Pablo, sin jamás un momento maligno ni una hora de pecado, ni un obscuro propósito en el corazón, tres miradas como aquéllas pueden muy bien pertenecer a la vida de cualquier mujer: representan la adolescencia que des­pierta ante el amor, la reacción ante los primeros signos amargos de la vida, y fi­nalmente la hora suprema, que en todos nosotros puede ser sublime. Virginia, que no quiso ser salvada para no ser tocada («Muerta yaciste con tu sueño intacto», como dijo de ella el poeta italiano Guido Gozzano, en sus Coloquios, v.) g prefirió morir, es un radiante símbolo de pureza y, al menos como aspiración, se halla to­talmente alejada de la vida.

G. Falco