Ursus

Dos célebres personajes, total­mente independientes entre sí, llevan este nombre. El primero es una destacada figu­ra de la novela de Víctor Hugo (1802-1885) El hombre que ríe (v.); y, entre las figuras de gran estilo creadas por el escritor fran­cés, es una de las mayores.

Es un saltim­banqui filósofo, mimo e imitador de ani­males y de sonidos, pero dotado de una cultura humanística y, sobre todo, de un tierno corazón, que no le impide ser pro­fundamente pesimista. Él mismo eligió su nombre, en un momento de malhumor, en el que llamó Homo a su oso y Ursus a sí mismo. Ursus no odia a los hombres, pero ha perdido toda fe en ellos; su inteligencia hubiera podido procurarle algún éxito, pero evidentemente sus ambiciones, no menos que sus ideales, apuntaban demasiado alto y, decepcionado, ha dejado de creer en la verdad de la vida social y ha elegido en ella una posición excéntrica y simbólica de su desilusión: el mimo, en efecto, no es más que un creador de apariencias. Semejante concepción habrá de prosperar más tarde, entre los novelistas postrománticos, que en gran parte siguieron la estela de Víctor Hugo.

Lo que salva a Ursus de la acida desesperación del fracasado es su íntima generosidad, que él intenta ocultar bajo una arisca apariencia, pero que se ha con­servado intacta a pesar de su fracaso; en virtud de ella, Ursus se cuida de la crianza de dos desdichadas criaturas: la ciega Dea (v.) y Gwynplaine (v.), a quien una intri­ga canalla convirtió en un monstruo al desfigurar su boca en una eterna y grotesca carcajada. La vida de esas criaturas será la de Ursus, y su muerte sellará definiti­vamente su actitud acongojada y negativa. La fórmula de su personalidad, semejante a la de Quasimodo (v.), Triboulet (v.) y tantos otros personajes victorhuguescos, con­siste en el constante contraste o en la fu­sión de valores opuestos: misántropo y a la vez altruista, huraño y sensible, filósofo y saltimbanqui, Ursus debe todos sus efec­tos dramáticos a la coexistencia de impul­sos diversos y contrarios, como cuando, con el corazón angustiado, imita él solo toda una representación bufonesca e incluso el rumor del público, para dar a la ciega Dea la impresión de que su querido Gwynplai­ne, tal vez muerto o encarcelado, sigue hallándose junto a ella.

El segundo Ursus es el buen gigante que en el Quo Vadis? (v.), de Henryk Sienkiewicz (1846-1916), salva de la muerte a su bella dueña, Ligia (v.), condenada como cristiana por Nerón, agarrando por los cuernos y revolcando por la arena al búfalo a que aquélla había sido atada. También en este Ursus existe un contraste: el de una fuerza hercúlea al lado de una absoluta abnegación. Aun­que es una figura secundaria en la novela, su persona está constantemente en escena, representando, juntamente con Ligia, el re­ciente mundo cristiano, que en él parece afirmar su vitalidad, del mismo modo que en Ligia expresa sus valores más delicados.

U. Déttore