Ulises

En el Troilo y Crésida (v. Troilo y Criseida) de Shakespeare (1564-1616), Ulises (Ulysses), marcado por sus tradicionales rasgos de astucia y de maquiavelismo, es también el portavoz del orden y de la je­rarquía, como declara en un noble discurso (I, 3, 75 y sigs.): «…y por ello el magní­fico planeta Sol se halla instalado en noble eminencia… y como el decreto de un rey llega sin dificultad a buenos y malos; pero cuando los planetas en maligna mezcolan­za se desvían de su orden, ¡qué pestilen­cias y qué portentos, qué combate, qué fu­rias del mar y temblores de la tierra, con­mociones de los vientos, pavores, cambios y horrores remueven y quebrantan, lace­ran y desarraigan la unidad y el sereno connubio de las jerarquías, arrancándolas a su fija condición! ¡Ah, cuando se tamba­lea la jerarquía, que es la escala para los más excelsos designios, se desvanecen los más nobles proyectos!» Precisamente por entonces el conde de Essex, en una conspiración contra la reina Isabel, había intentado subvertir aquel orden.

Por ello, si las simpatías de Shakespeare eran por los caballerescos troyanos y por el conde de Essex, implícitamente, sin embargo, des­aprobaba a éste con el discurso de Ulises,. discurso que tal vez resultaría despropor­cionado a la economía del drama, como por lo demás resulta desmesurado todo el epi­sodio del rebelde individualista Aquiles, si no sirviera de contrapeso a la lamentación por la pérdida de la Caballería. A pesar de sus atrayentes aspectos, Troya estaba destinada a sucumbir: el Estado moderno,, aunque estuviera basado en el maquiavelis­mo, debía triunfar.

M. Praz