Protagonista de un drama de Víctor Hugo (1802-1885), El rey se divierte (v.), Triboulet ha pasado, con el nombre de Rigoletto, al melodrama homónimo (v.) que Francesco Maria Piave sacó del original victorhuguesco para la música de Verdi.
Triboulet sienta las bases de un tipo de gran estilo, destinado a una fortuna considerable: el bufón que oculta su tristeza bajo las carcajadas, el hombre que sufre bajo la máscara del juglar. A semejanza de Quasimodo (v.), Triboulet es deforme, pero, además de sus taras externas, tiene una de carácter íntimo que le hace mostrarse adulador y Celestino de su dueño. Tanto a unas como a otra, Triboulet contrapone un afecto paterno que llega hasta la idolatría.
A ese encuentro de elementos antitéticos en su alma corresponde otro en su vida: el alcahuete tendrá que conceder su propia hija a los placeres de su rey y, sediento de venganza, la hará matar sin saberlo, creyendo así desahogar su rencor. De este modo apuntan en Triboulet todos los caracteres de una vida hecha de fracasos, de una existencia que sólo se concibe desde el punto de vista de la desgracia: como una desgracia implícita en la naturaleza misma del hombre, que a cada impulso le opone el triunfo de su contrario, en una continua mortificación de los valores supremos.
En esta concepción del personaje hay un elemento meramente exterior y espectacular, fundado en el continuo juego de los contrastes, hasta convertirse casi en una pura fórmula; pero más en lo íntimo, ésta se amplía y parece convertirse en una angustiada concepción de la vida en la que el bien que existe en el hombre no tiene otra misión que expiar el mal, y triunfa definitivamente en este drama, precisamente en virtud de su continua derrota.
U. Dèttore

