Tom Tulliver

Personaje de El molino junto al Floss (v.), novela de George Eliot (1819-1880). Es un muchacho cualquiera, aficionado a los aparejos de pesca y a las trampas de caza, desdeñoso de toda moli­cie, animado por una instintiva admiración de la fuerza y por el afán de llegar a ser un hombre vigoroso, capaz de montar sin.

perder los estribos el sombrío caballo de la existencia, despreciador de las inquie­tudes y rarezas intelectuales y sentimenta­les de la tontuela de Maggie (v.), su hermanita, y dotado de un precoz sentido de propiedad y de jefatura que sólo naufra­ga ante las incomprensibles elegancias de la construcción latina y las demostracio­nes de la geometría euclidiana, con que se intenta en vano amueblar su espíritu. Pero bajo la apariencia descuidada de Tom duermen un firme carácter y una voluntad indomable, prontos a cobrar vida consciente y a formar una personalidad moral de cualidades netas y viriles y ca­paz de severa abnegación y austero sacri­ficio.

Cuando la mano de hierro de la des­dicha llama inexorablemente a la puerta de su brillante casita junto al Floss, parece que, de improviso, en la maduración interior de Tom, la lenta rueda del tiempo empiece a girar precipitadamente y que en el transcurso de los días el carácter de aquel muchacho vulgar se transforme en el de un hombre dispuesto a arrostrar las amar­gas responsabilidades de la vida. Pero el mismo esfuerzo supremo que debe hacer su juventud para doblegarse bajo el áspero yugo de la necesidad, y la tensión en que debe poner sus fuerzas internas, construyen en torno a su corazón una armadura de he­lada y orgullosa soledad, que le hará toda­vía más ajeno al carácter femeninamente vibrante e inquieto de Maggie: para ella, Tom representará precisamente un inexorable obstáculo al amor y a la vida, fun­dado en una tradición de odios inextin­guibles y en el arraigado poder de aquellos prejuicios que en las almas severas, domi­nadas por fuertes voluntades*, y en lo li­mitado de la imaginación y del intelecto, asumen la apariencia misma de la verdad y usurpan sus divinas facciones.

Y así Maggie respetará en silencio el obstáculo y aceptará después la condena, pronta a cualquier callado sacrificio: y cuando in­cluso el de su propia vida será necesaria para salvar a Tom, la ofrecerá sin vacilar. Sólo entonces, en aquella hora suprema, el pobre Tom, en un instante de ilumina­ción interna, tendrá la fulgurante visión de la ignorada y misteriosa grandeza y de las insondables profundidades de la vida; y mientras abrazado al corazón de Maggie.. está a punto de abandonarse a la obscura oleada de la muerte, su pequeño orgulloso mundo íntimo se disolverá en un ámbito sin confines sobre el cual se extiende el estrellado cielo de las almas.

Y. A. Scrosati