[Tartuffe]. Es el falso devoto, el temible hipócrita protagonista de la comedia de su nombre (v.) de Molière (1622- 1673). Penetrando en una casa de honrados burgueses, logra adueñarse de la confianza y del corazón del padre, que hace más caso de él que de su propia mujer e hijos; pero en realidad, su hipocresía florida e insinuante recubre los más bajos instintos.
Intenta seducir a la esposa de su bienhechor, prometiéndole el secreto que elimina la culpa ante el cielo y los hombres; cuando sus intenciones se descubren, lucha desesperadamente con las armas de la perfidia, dispuesto a todo. Su figura amarga y exagerada, que casi rebasa las medidas del clasicismo francés, causó miedo desde su aparición; y no tanto por su meliflua falsía como por su terrible audacia, al arrancarse de golpe la máscara y mostrar lo que bajo ella se ocultaba. En efecto, Tartufo carece de la falsa buena fe de los hipócritas que, en determinado momento, logran creer en su propia hipocresía; él, por el contrario, tiene conciencia de su maldad y, al verse perdido, la revela de repente esperando sacar partido del terror que causará. Sólo Molière, con la decepcionada amargura que latía en el fondo de su alma, podía realizar ese carácter que sólo vive de abyección.
En el mundo de los personajes, Tartufo es un solitario: no tiene ni la desvergonzada campechanía de un Mefistófeles (v.), ni la orgullosa bestialidad de un Han de Islandia (v.) ni la licenciosa inconsciencia de un Roberto Lovelace (v.) o de un don Rodrigo (v.); por el contrario, carece incluso de aquel mínimo de generosidad o de necedad que humanamente puede justificar a los peores hombres. Su universalidad es de carácter metafísico: no es un eco de valores que el hombre sienta en ningún momento en su corazón y en su vida, sino más bien la forma de una negación absoluta, medrosamente proyectada por el hombre en un mundo de cósmica perdición. Molière, a veces, conoció ese mundo y se rió de él: en uno de tales momentos vio pasar el fantasma de Tartufo, con su vidriosa mirada y su torcida sonrisa.
U. Dèttore

