Tatiana Larin

Heroína del Euge­nio Onieguin (v.), de Alejandro Pushkin (Aleksandr Sergeevič Puškin, 1799-1837). Se ha dicho que la «novela en verso» del poeta ruso hubiera debido llevar como tí­tulo el nombre de Tatiana: tan grande es su papel en relación con el de Eugenio Onieguin (v.).

Aunque exteriormente no sea más que la encarnación, primero, de la jo­ven provinciana y luego de la dama rusa, Tatiana es generalmente considerada, por las manifestaciones de su ánimo, como el tipo positivo de la mujer de su país, «la apoteosis de la mujer rusa», según palabras de Dostoievski. El hechizo de su figura, por otra parte, reside tanto en su aspecto exterior como en sus rasgos internos. Sen­cilla, tímida, romántica pero reflexiva, «rusa en el alma, sin saber ella misma por qué», se mantiene fiel a su imagen, incluso cuan­do cambia de posición social: su frialdad y su calma exteriores, símbolo de una na­turaleza fuerte y profunda, son elementos positivos que el poeta sacó de la realidad, ni más ni menos que los elementos nega­tivos de Onieguin, los cuales, precisamente por contraste, parecen ofrecer mayor re­lieve que aquéllos.

La importancia del tipo de Tatiana en la literatura y en la vida rusa se manifiesta también en el hecho de que sólo después de su realización artística empezó aquella serie de admirables figuras femeninas que han hecho justamente cé­lebre la literatura narrativa rusa, sin que ninguna de ellas, empero, haya logrado superar a la Tatiana de Pushkin.

E. Lo Gatto