Švejk

Protagonista de la novela El buen soldado Švejk (v.), del escritor checo Ja­roslav Hasek (1883-1923). El carácter de Švejk nace del desarrollo mismo de la no­vela en la que se narran las aventuras del héroe y sus reacciones ante las distintas situaciones de la vida cotidiana, durante los tiempos de la anteguerra y los de la primera guerra mundial.

Llamado a las ar­mas, Švejk cumple las órdenes que se le dan con tal precisión que demuestra su absurdo y, exagerando la obediencia de la sumisión, se convierte en un instrumento inútil en manos de sus superiores directos, de los médicos, de los capellanes militares, de las enfermeras de la Cruz Roja y en una palabra de todos los elementos específicos de la guerra, tal y como aparecen a los ojos del pobre hombre anónimo que no entiende su significación ideal por encima de las mezquindades y miserias cotidianas, y en cambio hace de esas mezquindades y miserias la sustancia misma de su vida. Se ha observado que la actitud y el lenguaje de Švejk son, entre otras cosas, una especie de canto funerario del Imperio austrohúngaro; pero más aún, toda la aventura de Švejk es como el símbolo de una humanidad que ha perdido la cabeza.

Indudablemente hay en él un sentido primordial de la vida que le aproxima al Gargantúa (v.) de Rabelais o al Sancho Panza (v.) de Cervantes, con quien tiene en común el buen sentido, la agudeza y la malicia; pero Švejk tiene además un implícito sentido de lo absurdo frente a una forma de existencia que pa­rece escapar a toda coherencia y a todo sentimiento humano y a la que él opone una natural nostalgia de su tierra nativa y una íntima emoción y una compasión sincera por todos los que sufren. Así, el antiguo personaje del hombre sencillo pero sensato y astuto, al reaparecer con ávejk en el período que siguió inmediatamente a la guerra, asume un dramatismo que se halla a la vez en él y en el clima que le rodea.

Los motivos patéticos están profun­damente acentuados en él por la inhuma­nidad de ese clima y, enlazándose con los demás, a veces sumergidos bajo la vulga­ridad y la violencia de la sátira, revelan en él un personaje característico de su tiempo, a la vez que típicamente eslavo.

E. Lo Gatto