Sigfrido

[en antiguo germano, Sigurd; en medio alto alemán, Sifrit o Seyfried]. Personaje de las leyendas heroicas germanas que aparece en relatos épicos, noveles­cos y mitológicos.

Tal vez deriva de un núcleo histórico (un rey franco, Sigeberto de Metz, murió en 575), pero tal origen dista mucho de ser seguro. De aquí la gran fluidez de sus contornos y la variedad e imprecisión de sus representaciones; a diferencia de otros personajes legendarios más sólidamente anclados en la historia, como Atila (v.), Hermanrico (v.) o Gunter (v.). Tres son los principales rasgos que ca­racterizan al joven Sigfrido: su nacimien­to y educación junto a un artesano y su lucha con el dragón; la adquisición de un tesoro, y el despertar a una doncella dormida. Según una tradición, Sigfrido era de ilustre prosapia: el relato más conoci­do le supone hijo póstumo del viejo héroe Sigmundo, de la estirpe de los Volsungos; al refugiarse su madre Hiordis en la corte del rey Hjalprek, Sigfrido fue educado por el herrero Regin.

Según otra tradición, pro­bablemente más antigua, Sigfrido descono­cía a sus padres, había sido amamantado por una cierva y posteriormente adoptado por el herrero Mimi, el cual le impuso el nombre de Sigurd. Inhábil para el trabajo artesano, Sigfrido habría maltratado a sus compañeros y, tras romper el yunque, de­bió enfrentarse con el dragón, al cual dio muerte. Al llevarse a la boca un dedo empapado en la sangre del monstruo, se habría dado cuenta de que comprendía el lenguaje de los pájaros, y al bañarse en aquella sangre, su piel debió volverse du­ra como el cuerno de tal modo que, ex­cepto en un punto que la sangre no mojó, habría sido invulnerable. En una parte de la tradición, la lucha con el dragón se enlaza con la historia del herrero: el mons­truo es el hermano de éste, quien pre­cisamente incita a Sigfrido al fiero com­bate. Luego, al advertirle los pájaros que el herrero meditaba su muerte, Sigfrido se le adelantó. En el cantar de Los Nibelungos (v.) figura el episodio en el que Sigfrido adquiere el tesoro nibelungo, pertenecien­te a dos hermanos que luchaban entre sí.

Este relato tiene un paralelo en la tradición nórdica, en la que los dos hermanos Fafni y Regin se odian mortalmente porque am­bos ansian apoderarse del tesoro que en otro tiempo perteneciera al enano Andvari y sobre el cual pesa la maldición de éste. Pero la tradición nórdica, identificando uno de los dos hermanos con el dragón y el otro con el herrero, combinó el relato de la muerte del dragón con el de la adquisi­ción del tesoro : Sigfrido se apoderó de él dando muerte al monstruo y al herrero. Sigfrido, finalmente, hizo despertar a una bella durmiente del sueño en que mágica­mente estaba sumida: según el edda de Sigrdrifa [Sigrdrifomál] se trataba de una walkyria a la que Odín (v.) había adorme­cido para castigarla por su desobediencia.

Más tarde esta walkyria se identificó con Brunilda (v.); y las declaraciones de amor, la promesa de matrimonio y los juramentos que Brunilda y Sigfrido se hicieron mutua­mente fueron olvidados por efecto de una mágica poción que administró al héroe la reina de los burgundos. Entre otras haza­ñas del joven Sigfrido figura la venganza que se tomó de los hijos de Hunding, a quien ellos habían dado muerte: esta aven­tura dio tema a otro edda en el que, antes de combatir, a instigación de Regin, al dra­gón Fafni, Sigurd, protegido por Odín, ven­ga a Sigmundo. Como se ve, las hazañas del joven Sigfrido tienen siempre algún ele­mento maravilloso (su nacimiento, su lucha con el dragón, su invulnerabilidad, su com­prensión del lenguaje de los pájaros, la adquisición del tesoro y el despertar de la bella durmiente), y están rodeadas de un halo mítico.

Sigfrido sólo adquiere ca­rácter trágico en las leyendas nibelúngicas, donde le hallamos indisolublemente vincu­lado con la leyenda de Brunilda; el he­cho de que en un remoto pueblo histórico, Sigeberto de Metz hubiera estado casado con una Brunegild tiene, por lo que a la literatura respecta, una importancia secun­daria. El Sigfrido trágico es una figura no activa sino pasiva, ya sea que se relate su muerte violenta, según quiere la tra­dición. más antigua, reflejada en el éddico Fragmento del canto de Sigurd [Brot af Sigurdharkvidhu] o en el cantar alemán de Los Nibelungos, porque Brunilda quiere vengarse del engaño de que se la hizo víctima cuando Sigurd sustituyó a Gunnar en el certamen cuyo premio era la mano de aquélla, volviendo después a ceder su sitio a Gunnar; ya sea porque, según encontramos en poetas más tardíos, Brunil­da hizo matar a Sigurd porque estaba enamorada de él y no quería verle casado con otra mujer (así se lee en el éddico Canto breve de Sigurd o Sigurdharkvidha en skamma).

Este último motivo adquirió todavía una autonomía mayor cuando la acción entera se centró en el amor recí­proco de Sigurd y Brunilda, como ocu­rría en el perdido Canto largo de Sigurd, siglo XII, cuyo contenido eroticonovelesco nos ha sido transmitido por la Saga de los Volsungos (v.). Según esta tardía versión, Sigurd estaba prometido con Brunilda, pe­ro la olvidó por efecto de un filtro que le dio a beber Grimhild, madre de los prín­cipes burgundos y de Gudrun (Crimilda). A consecuencia de ello se casó con Gudrun y ayudó a Gunnar (Gunter) a conquistar a Brunilda, pero, al disminuir la fuerza del filtro, el viejo amor volvió a encenderse. Sigurd había de morir, y después de él debía morir Brunilda: sólo la muerte podía unirlos.

En estas distintas versiones de la muerte de Sigfrido, el ver­dadero personaje trágico es Brunilda, mien­tras Sigfrido no es más que un instrumento de la acción o un mero comparsa. En efec­to, marcha a la muerte sin saberlo y sin haber cometido ningún grave error, ya que el auxilio prestado a Gunter era una con­secuencia de su hermandad de sangre, y las habladurías con su mujer y el regalo que a ésta hizo del anillo de Brunilda no eran sino pecados insignificantes, de charla­tanería o indiscreción, evidentemente no merecedores de tan severa pena. En la poe­sía, en suma, Sigfrido es una figura más bien pálida y abstracta, que carece de los rasgos vigorosos y de las situaciones dramáticas que caracterizan a Gunnar y a Brunilda en los cantos de los Edda (v.) y a Crimilda y a Hagen en el cantar de Los Nibelungos.

Entre las obras posteriores al cantar de Los Nibelungos y a la Saga de Teodorico (v.) ocupa un lugar preponde­rante el Sigfrido (v.) de Richard Wagner (1813-1883), que forma parte de la tetra­logía el Anillo del Nibelungo, de la que es considerada la parte más bella. Para el asunto de su libreto Wagner se inspiró en las leyendas del «joven» Sigfrido, combi­nándolas diversamente a la luz de concep­ciones de la filología germánica entonces aceptadas y hoy consideradas en su mayo­ría falaces. Para el Ocaso de los Dioses (v.), que sigue al Sigfrido en la mencionada tetralogía wagneriana, se utilizaron abun­dantes elementos de la Saga de los Vol­sungos en la que, como antes se ha dicho, se resume el Canto largo de Sigurd.

V. Santoli