Sganarelle

Es el marido desgraciado en varias comedias de Molière (1622-1673): cornudo imaginario (v. S ganar elle), a quien el miedo induce a una acomodaticia filo­sofía conyugal; traicionado ya antes del matrimonio en La escuela de los maridos (v.), porque, con la severísima educación que dio a su pupila, la pierde, mientras cree poderse casar con ella, favoreciendo inconscientemente su amor por un joven; resignado a la inevitable desventura en el Matrimonio a la fuerza (v.), donde a palos se ve obligado a casarse con la coqueta Dorimena, a la que de buen grado renun­ciaría.

En El amor médico (v.) es también engañado, pero por su hija y por el ena­morado de ésta, que viene como médico, la cura sin dificultad y se casa con ella con­tra la voluntad del anciano. En cambio, en El médico a palos (v.), es él quien engaña a los demás, aunque sea por fuerza: gro­sero campesino obligado a hacer de médico, cura a la joven enferma favoreciendo sus amores contrariados. En conjunto, Sganarelle es un personaje bien logrado que pue­de compararse con los más representativos del teatro italiano: expresión de todo cuan­to hay de mediocre, sensato y vil en el bajo pueblo: un tipo de Sancho Panza (v.) a quien falta un don Quijote (v.). Su ca­racterística consiste en ser consciente de sus limitaciones y, por lo mismo, situarse más a la defensiva, apoyándose en las nor­mas tradicionales de una sociedad consti­tuida para evitar el peligro de evasiones demasiado audaces para él.

Convertido en criado de don Juan (v.) en la comedia de este título (v.), del propio Molière, le ve­mos aterrado y resignado ante las impie­dades de su señor en un papel que es exactamente el que le corresponde, pero que revela al mismo tiempo sus limitacio­nes. Sancho Panza completa, con lo con­creto de su ser, la locura de su amo; Sganarelle se deja sencillamente arrastrar por ella, refunfuñando en sordina. No tiene fuerza creadora sino sólo eficacia cómica, procedente de su sumisión a las situaciones y a los caprichos ajenos, que le lleva a conclusiones imprevistas, sin alterar su in­mutable carácter.

U. Dèttore