Señor Alfonso

[Monsieur Alphonse]. Protagonista de la comedia de su nombre (v.), de Alexandre Dumas, hijo (1824-1895), su verdadero nombre es Octavio, pero toma el de Alfonso en las raras visitas que hace a la casa de los excelentes campesinos don­de tiene colocada a su niña Adriana; y co­mo señor Alfonso ha pasado a la historia de la literatura. Casi puede decirse que de toda la comedia, llena de complicaciones, enredos y absurdos, y como aplastada por el peso de la acostumbrada retórica, sólo queda, tristemente proverbial, el nombre de ese personaje.

El egoísmo y la codicia constituyen las bases de su carácter: padre, no comprende ninguno de los deberes de la paternidad, que procura ocultar por todos los medios, cuando se da cuenta de que podría poner en peligro su matrimonio con la rica viuda Guichard, llegando a tal extremo de vileza que consiente que un extraño reconozca a la niña y le arrebate para siempre la posibilidad de reivindicar­la. Ese egoísmo se hace tanto más feroz y ávido cuanto más fuerte es el amor de la mujer, a quien él naturalmente no ama sino que se propone únicamente explotar.

Por una parte, no hay más que amor, y amor ciego; por la otra, el anzuelo pronto, la mentira, disimulada por una sonrisa, y en el corazón el desierto: sólo la fría y despiadada voluntad de no perder un nego­cio y de que la «situación» se consolide definitiva y provechosamente. El tipo de señor Alfonso produce horror, y su aspecto, a quien lo comprenda, inspira miedo. No siempre aquella miserable elocuencia y aquellas abundantes y expansivas protestas amorosas tienen éxito: Alfonso, finalmente burlado como un héroe de Molière, no lo­gra su propósito. Pero muchos de sus epí­gonos fueron y serán más afortunados.

G. Falco