Scherezada

[Šahrazāda]. Es la bellí­sima y prudente princesa, hija del visir, que refiere al rey Shahriyar los cuentos de Las mil y una noches (v.).

Para poner fin a la cruel costumbre del rey traiciona­do, que por odio’ a la perfidia femenina mandaba matar todas las mañanas a la joven con quien había pasado la noche, la princesa se ofrece voluntariamente al ominoso tributo, y con su arte de narra­dora, interrumpiendo la primera noche el cuento que empezó a referir, obtiene que su destino se aplace hasta la noche siguien­te. Tampoco en ésta se acaba la historia, y así prosiguen las cosas durante mil y una noches, hasta que el rey, ya enamo­rado de ella, que mientras tanto le ha dado tres hijos, la convierte en su feliz esposa.

De las pocas páginas y aún mejor pocas líneas a ella dedicadas en el prólogo de Las mil y una noches (su nombre se repi­te monótonamente al final y al principio de cada nueva noche, pero con una simple alusión a la interrupción y reanudación del relato) Scherezada se ha convertido en poco menos que el símbolo de aquel Oriente musulmán fantástico y voluptuoso que la Europa moderna ha querido ver en la famosa recopilación. Apenas es necesa­rio advertir que en tal visión se mezclan elementos reales, tomados verdaderamente de Las mil y una noches y otras fuentes, relatos de viajeros, ecos de experiencias directas de un Oriente apenas contaminado por el contacto con Europa, y elementos totalmente arbitrarios, ajenos a toda rea­lidad histórica y fruto de una romántica fantasía occidental.

Sea como fuere, Sche­rezada ha sido y es todavía en Europa el rostro y la voz de un exótico mundo de magnificencia, belleza y placer, que ha su­gestionado a poetas y músicos (v. Sche­rezada, de Ravel). Al ponerse de moda los «ballets» orientales, con su nombre se ti­tuló uno de los más famosos, puesto en escena por L. Bakst, en 1908. Fokin com­puso otro en 1911 para la obra sinfónica de N. A. Rimsky-Korsakov titulada con el nombre de la heroína (v.).

Y de esa ideali­zación occidental deriva directamente la fortuna de Scherezada en el mundo orien­tal contemporáneo: en 1933 se estrenó en Egipto un drama simbolista (Shaharázad) dedicado a ella, por Tawfiq al-Hakim, uno de los más representativos autores de la nueva generación árabe: en esta obra la princesa de Las mil y una noches se ha convertido en una encarnación de la femi­neidad, cuyo influjo se refleja en los hom­bres que entran en relación con ella, des­de el deseo sensual del esclavo hasta el amor sentimental del visir y el amor racional e intelectual del rey, el cual, gra­cias a la iniciación de que Scherezada le hace objeto, pasa de la afición a los placeres materiales a la sed de los valores eternos. Y tal vez la carrera de Schere­zada no haya terminado todavía.

F. Gabrieli