Segundo de los evangelistas, su nombre hebreo era Juan. En la historia de la Iglesia primitiva es figura secundaria, pero llena de gracia y de vivacidad. Muchos autores le sitúan en el relato evangélico, identificándole con el jovencito que, en Getsemaní, apareció vestido únicamente con una sábana, despertado por el barullo de la gente armada que había llegado para capturar a Jesús.
También fueron puestas las manos sobre el incauto espectador, quien, empero, abandonando su somera indumentaria, logró escapar (Evangelio de San Marcos, cap. XIV, 51). Marcos fue uno de aquellos apreciables hombres que renuncian a destacar para consagrarse al servicio de una personalidad de mayores iniciativas. De familia acomodada, dio sus primeros pasos en el apostolado con su primo San Bernabé y con San Pablo (v.), a quienes sirvió como «ministro» en el primer viaje misionero, reservándose las funciones exteriores para aliviar a aquéllos. Inesperadamente, faltáronle los ánimos y quiso volver atrás, y así, en el siguiente viaje, San Pablo no le quiso entre sus acompañantes.
Aparece luego en Asia Menor asociado al ministerio de San Pedro (v.), quien le dio pruebas de un cariño paternal. En Roma fue nuevamente compañero de San Pablo, quien manifestóle particular estimación preguntando por él desde Éfeso en la época de su último cautiverio. En la Ciudad Eterna se le pidió que reuniera los recuerdos de San Pedro acerca de la vida de Jesús, y, de esta suerte, escribió el segundo Evangelio (v. Evangelio de San Marcos), en el que la divina figura del Maestro revive con una riqueza de matices concretos y de colores que hacen de la minúscula obrita la biografía más rápida pero asimismo más ágil y dramática de Jesús.
Frente a los otros evangelistas (v. Evangelios de San Mateo, San Lucas y San Juan), aparecen como características de Marcos su percepción de lo popular y su estilo agudo y literariamente despreocupado. La tradición habla de su origen levítico e indica una particularidad fisiológica suya: tenía los dedos cortos. Simbolizado, como los otros evangelistas, por uno de los cuatro ríos terminales y, posteriormente, por el león alado del Apocalipsis (v.), la iconografía medieval representóle a menudo acompañado por San Pedro, quien le dicta el Evangelio.
Alejandría de Egipto le venera como su evangelizador. Venecia le tiene como patrón y conserva su cuerpo en la dorada basílica; su nombre estuvo asociado, durante siglos enteros, al de la gloriosa república, símbolo de grandeza y civilización en los mares de Oriente.
S. Garofalo

