Pareja de personajes que aparecen en varias obras de la literatura árabe y persa de fondo místico y alegórico. El primero que empleó estos nombres parece haber sido Avicena (m. en 1037), en dos relatos alegóricos en árabe, en los que aquéllos simbolizan respectivamente el alma y el cuerpo del hombre.
Más tarde, los nombres de Salamán y Absal aparecen en la célebre novela filosófica Ḥayy ibn Yaqzdn (v.), del filósofo arabigo- éspañol Ibn Tufayl, muerto en 1185, aunque su función en esta obra es más narrativa que alegórica: Salamán es un rey musulmán, cuyo súbdito y amigo Asal (no Absal, en esta versión) llega a la isla desierta donde vive solo el sabio Hayy e inicia con él las experiencias religiosas que habrán de conducirle a reconocer el valor de la mística esotérica a la vez que la oportunidad y providencialidad de la Ley revelada. Finalmente, la más conocida de las obras en que aparece la pareja Salamán- Absal es el poema homónimo (v.) del místico persa Yami de Herat (m. en 1492).
En esta obra, Salamán es hijo de un rey de Grecia, nacido no de una mujer, sino de un experimento filosófico. Al llegar a la edad viril, se enamora del bello joven Absal, huye con él a una isla, y finalmente, al verse perseguido, se arroja junto con su amado a una pira ardiente. Absal muere, y Salamán, salvado y aleccionado por la triste experiencia, regresa a palacio y recoge la herencia paterna. Alegóricamente, Salamán representa el alma creada por Dios y Absal el caduco cuerpo humano. Su conjunción en la tierra es causa de mal, hasta que su separación por medio de la muerte, simbolizada en la pira, devuelve el cuerpo al polvo y el alma a su prístino estado de perfección y beatitud celeste. Se trata, como puede verse, de dos puros símbolos y no de personajes artísticamente vivientes.
F. Gabrieli

