Diminutivo cariñoso del nombre de Mlle. Rose-Annette Bron en La educación sentimental (v.), de Gustave Flaubert (1821-1880).
Graciosa mujer de treinta años; de cabellos castaños y ojos claros en un rostro de óvalo perfecto, con los hombros algo caídos, Rosannette es también conocida con el sobrenombre de la Maríscala, por un episodio acontecido en su casa con ocasión de un baile de máscaras, en el que, disfrazada de dragón de Luis XV, puso fin a una disputa entre un caballero medieval y un postillón ruso exclamando : «Mirad mis charreteras: ¡ soy vuestra maríscala!» Auténtica mujer de placer, Rosannette no carece, sin embargo, de sutilezas ni de complicaciones íntimas: sus favores no son para todos ni para quienquiera que pretenda lograrlos.
Amante de Jacobo Arnoux (v.) cuando Federico Moreau (v.) la conoce, Rosannette resiste largo tiempo a los galanteos de este último, que la corteja para consolarse de sus desdichados amores con María Arnoux (v.) y no cede hasta los días de la revolución que instaura la segunda República. Naturaleza esencial y caprichosamente femenina, Rosannette ofrece a Federico toda su sensual lozanía, a la vez que una especie de viveza popular que aquél aprecia mucho menos. En su casa, a veces las puertas se abren o cierran misteriosamente al paso de clandestinos amantes, o de acreedores o de amigas; las dificultades financieras y las alternativas de fortuna y de miseria la mantienen en el precario estado inherente a su profesión.
Durante una feliz estancia en Fontainebleau, Rosannette relata a Federico los tristes inicios de su vida de muchacha pobre y le refiere cómo sus propios familiares la prostituyeron. Fruto de sus amores con Federico es un hijo que muere muy pronto, y esta triste > circunstancia introduce insospechados reflejos en su parisienismo de mujer voluptuosa. A partir de ese momento su aspiración es casarse con Federico, y para ello no vacila en^ tomar parte en peligrosos negocios de préstamos y de bolsa, y, precisamente por su reparo a solicitar directamente dinero de Federico, es abandonada por éste, que sospecha sin razón que ella tuvo parte en una acción judicial contra Arnoux, que apresuró la ruina de éste y le obligó a huir de Francia. Al final de la novela, nos enteramos de que la Maríscala, que ha engordado prodigiosamente, es ahora la viuda de un antiguo amigo suyo que generosamente la protegió.
B. Dal Fabbro

