Rob Roy

Personaje de la novela de su nombre (v.) de Walter Scott (1771-1832), cuyo verdadero nombre es Robert Camp­bell Mac-Gregor.

Figura de legendario ca­ballero puesto al margen de la ley, cuya sola apariencia física recuerda ya los re­latos acerca de los pictos que antiguamen­te devastaron el Northumberland, hombres entre humanos y diabólicos, Rob Roy se distingue por su fuerza, su valor, su agi­lidad, la anchura de sus hombros y la lon­gitud de sus brazos. Esta última, especial­mente, le confería un aspecto salvaje, anor­mal y casi ultraterreno. «Deus ex machina», siempre milagrosamente presente en los momentos críticos de una larga aventura entreverada de extraordinarios acontecimientos, sobre la que se cierne, como un leve y sutil velo romántico, una historia de amor, Rob Roy — así llamado por el ro­jizo color de sus cabellos — era un «highlander» escocés de noble estirpe, exaspera­do por la desventura y las injusticias hasta convertirse en bandolero, pero orgulloso de su condición, hasta el punto de que ofrece al Dr. Gregory, para recompensarle de su hospitalidad, llevarse consigo a su hijo, que está estropeándose a fuerza de estudiar tan­tos libros inútiles, y «hacer de él un hom­bre», esto es, un bandolero cuya perspec­tiva es la horca.

A tales ofertas era peli­groso resistir: de ahí el humorismo de se­mejantes situaciones. En ellas, más que en pintar los terribles rasgos de Rob Roy, el arte de Scott raya a su mayor altura: así cuando describe el efecto que produce la súbita aparición del bandolero ante el juez Morris, cuyo pavor se manifiesta de una manera que recuerda al don Abundio (v.), de Manzoni. Más que las aventuras, ya en sí bastante maravillosas, lo que cuenta en Rob Roy es la oportunidad de sus apari­ciones, ya sea en el momento culminante de una batalla en los montes, ya por la noche, en una carretera, ya escapando de una cárcel que parecía de evasión imposi­ble; y todo ello con el mínimo indispensable de prodigio, por la fuerza persuasiva im­puesta por la ilimitada confianza que ins­piran sus siempre esperadas intervenciones. Rob Roy es, en Escocia, el émulo y her­mano ideal de aquel héroe de la vieja In­glaterra que fue el famoso Robin Hood (v.): es, como éste, una de las muchas encarna­ciones del bandido generoso que «a los ricos despojaba y a los pobres socorría».

R. Franchi