Rebeca West

[Rebekka West]. Perso­naje del drama Rosmersholm (v.), del es­critor noruego Henrik Ibsen (1828-1906). Hija ilegítima y de turbio pasado, criatura de cálida sangre que no obedece a ninguna ley que no se pliegue a sus instintos, Re­beca va a parar a la austera casa donde el pastor protestante Juan Rosmer vive con su estéril mujer Beata aquella misma vida cerrada y severa que vivieron sus pa­dres.

Presa de una violenta atracción sen­sual por Rosmer, Rebeca empieza minando en él la fe en que siempre vivió e inspirándole el anhelo de una vida más libre; luego revela a Beata la transformación de que Rosmer todavía no se ha dado plena cuenta y que necesariamente deberá ale­jarle de su esposa, y finalmente, hacién­dole creer que el pastor está enamorado de ella, arrastra a Beata a la locura y al sui­cidio. Mientras tanto, logra la confianza de Rosmer hasta el punto de que éste, cuando siente que ha de empezar a obrar según su nuevo ideal, le ofrece el matri­monio. Es lo que Rebeca había soñado, y por ello obró como obró. Pero ahora re­chaza la oferta.

No es ya la criatura de antes. Si liberó a Rosmer de los prejuicios que ahogaban su existencia, ella a su vez ha sido inadvertidamente ennoblecida por Rosmer. Dice que la sombría atmósfera de la casa ha apagado su alegría; pero en rea­lidad lo que en ella se ha extinguido es el deseo de vida sin ley, en la que había ci­frado su goce. Pero le quedan otras posibi­lidades de alegría: aquella, profundamente femenina, de ser transformada por el hom­bre amado a su imagen y semejanza, y la de confesar su culpa y expiarla para con­quistar la pureza de conciencia que la hará digna de aquél. Y puesto que, tras su con­fesión, Rosmer no cree en su sinceridad, Rebeca no vacila en darle la prueba su­prema de su amor: seguirá el camino de Beata, que se arrojó a la presa para de­jarle en libertad de vivir su verdadera vida.

En efecto, Rebeca, «cuando se quedó sola con aquel hombre, se dejó vencer poco a poco por la honradez, por la pura fuerza moral que de él irradiaba, y ahora ya no puede amar, ni con amor impuro, porque se ha purificado, ni con amor puro, porque en su pasado hay una culpa. Se cerró los dos posibles caminos de felici­dad: la felicidad turbia y acre de los sen­tidos y la dulce felicidad del corazón» (B. Croce). Intensamente atraída por lo extraordinario y lo sublime, pero al mis­mo tiempo culpable, Rebeca West es una figura profundamente trágica, una de las más completas y coherentes que Ibsen crea­ra jamás.

G. Lanza