Personaje de Ivanhoe (v.), novela de Walter Scott (1771-1832). Rebeca es tímida, triste, apasionada y al mismo tiempo orgullosa: orgullosa, aunque sin jactancia, del divino origen del pueblo a que pertenece. El desdén y las persecuciones de que lo hace objeto la ruda cristiandad medieval no deprimen sino que exaltan en Rebeca el orgullo, que sólo su innata amabilidad y su gracia sensitiva y casi sombría temperan en una actitud serena y armoniosa.
Al lado de la rastrera humildad de su padre, la interior nobleza de Rebeca resplandece con una luz todavía más viva. Y su orgullo, el orgullo tenaz de los tímidos, es el que pone un valladar a su pasión. Rebeca tiene el denso perfume de una flor exótica, la melancolía de una felicidad para siempre perdida. La prudencia de sus antepasados da a su espíritu una seriedad precoz que inunda de sombras su pensativa belleza. Surge de los pálidos esquemas de un mundo medieval románticamente sentido como una criatura viva y vibrante de pasión y de dolor.
Desdichada e infeliz, Rebeca es superior a su fortuna. En su alma virginal y profundamente femenina se oculta la inflexible firmeza que coronó con el martirio a las santas cristianas de los primeros siglos. Y su valeroso y púdico sufrimiento defiende los derechos y el valor de la personalidad humana con una elocuencia que en su sobriedad alcanza una eficacia irresistible.
B. Del Re

