[Chérubin]. Personaje de la comedia Las bodas de Fígaro (v.), de Pierre-Augustin Cáron de Beaumarchais (1732- 1799). «Est-ce mon page qui vous scandalise?… O Censeurs délicats! Beaux esprits sans fatigue!» [«¿Os escandaliza mi paje? ¡Oh, censores delicados! ¡Talentos sin fatiga!»].
Así hablaba a sus críticos el agudo autor, y sabía que estaba en lo cierto. En efecto, lo que molesta a los moralistas ciegos no es tanto la presencia de Fígaro (v.), sus desnudas palabras y su modo de burlarse de la vida enfrentándose bravamente con ella y poniendo locuazmente en berlina la afición a la intriga y la inclinación a la hipocresía, características de sus veleidosos dueños, como la ambigua presencia de Querubín, que en la caprichosa fantasía de sus rasgos constituye el momento puro de la invención poética, a la vez completamente libre y totalmente fundada en la manera y en el finísimo racionalismo dieciochescos que bordan a su alrededor temas de minueto, pintan delicadas escenas con tiernas pinceladas a lo Fragonard y conducen a esa insignificancia blanca y rosada hasta la puerta de la casa de quienes se preparaban por entonces a cantar la «Marsellesa» y a levantar barricadas por las calles.
El paje Querubín es el eje de la comedia, que comparece de puntillas a señalar su ritmo afinando de cabo a cabo su psicología interna en la misma ambigüedad con apariencias de capricho; es en rigor una necesidad y aun una esencialidad poética extraordinariamente aguda y semejante a Ja que determina todo imprevisto de la vida como forma imaginativa y poética, la que sostiene, justifica y suscita el personaje del paje enamorado. En realidad Querubín es un bribón a medio camino entre su antepasado medieval y el romántico Ruy Blas, a cuyos rasgos añade la perdida inocencia y la caprichosa malicia de sus tiernos años y de su precoz deseo; algo vagamente freudiano late en su pueril y violento amor de muchacho de trece años por su madrina, la turbada y tentada condesa.
Vaga, huidiza, inventada y abstracta en su diseño de pura inteligencia, y aun así verdadera y precisa en la perfección de sus movimientos a compás, la desconcertante figurita del paje asume en la obra la función de la poesía a la vez que la de la razón práctica y de la moral: es la pincelada definitiva del cuadro, es el geniecillo de la vida captada en el – propio instante en que se determina su inefable verdad, esencialmente irónica. En él la poesía lleva a cabo la más difícil de sus misiones: la de realizar lo humano dentro del universo lírico; en él la bella comedia «castigat mores» al mismo tiempo que, a los ojos miopes de los moralistas, parece ofenderlas. Si Fígaro obra en el juego dramático con sus palabras, Querubín actúa siempre únicamente con su presencia, con la musical tempestividad de su intempestiva presencia. Y sobre todo gracias a él actúa, para bochorno del auténtico «inmoral», la gran sátira revolucionaria de Las bodas de Fígaro.
G. Veronesi

