[Posthumus]. Personaje de Cimbelino (v.), drama de William Shakespeare (1564-1616). Corresponde al de Bernardo Lomellino, en el cuento de Boccaccio que sirvió de fuente al mencionado drama.
Su exaltado amor por Imogen (v.), concebida como la más perfecta de las mujeres, deja paso a un sentido no menos exaltado de abominación cuando cree que aquélla le ha sido infiel. Amante ingenuo, como Troilo (v. y también Troilo y Criseida), es, empero, mucho más torpe que éste; mientras Troilo, aun asistiendo al coloquio de Crésida (v.) con Diomedes, se resiste a creer a sus propios ojos, Postumo está dispuesto a dar crédito a pruebas externas, aducidas por una persona de cuya buena fe podría con razón sospechar.
Y, desesperado, prorrumpe en una diatriba contra las mujeres, maldiciendo incluso a su madre: « ¡Ah, si pudiera descubrir en mí aquello que me viene de mujer! Porque del hombre no hay impulso que tienda al vicio si no es procedente de la mujer: así la mentira que, fijaos bien, viene de la mujer, como son de la mujer la adulación, el engaño, la lujuria, los pensamientos inmundos y la venganza. Las ambiciones, la codicia, las mudadizas vanidades, el desprecio, los caprichos, las calumnias, la inconstancia y todas las culpas que tienen nombre y aun todas cuantas conoce el infierno, todas, sí, todas son por completo o parcialmente procedentes de la mujer.
Y si no son todas, es porque las mujeres no son constantes ni siquiera en el vicio, porque siempre cambian uno, viejo apenas de un minuto, por otro la mitad más joven…». Podríamos ver en Postumo el típico misógino que, para enamorarse, debe ‘ imaginar a su amada por encima de toda perfección humana y que, al desilusionarse, la arrastra sin más por el fango común. Pero la conciencia del crimen que cree haber cometido le da de pronto acentos más humanos; y al principio del acto V le vemos ansioso de expiación, sin otro deseo que morir con el nombre de Imogen en los labios. Nacido en el siglo XIV ya burgués pero todavía místico, y renacido en el XVI sensual e idealista, Postumo parece personificar así aquella incertidumbre, propia de su tiempo, en la forma de las relaciones amorosas, ora idealizadas, ora crudamente sensuales, ora dramatizadas en antagonismos y contiendas.
M. Praz

