Potugin

Personaje de la novela Humo (v.), de Iván Turguenev (Ivan Sergeevič Turgenev, 1818-1883), es en cierto senti­do el portavoz del autor, en cuyas ideas está evidentemente inspirado.

La defensa que de él hizo el propio Turguenev, aun después de haberle llamado una vez «occidentalista limitado», confirma esa afirma­ción. «Potugin morirá como occidentalista empedernido, y todos mis esfuerzos habrán sido inútiles si no se siente en él ese fue­go sordo e inextinguible. Tal vez yo soy el único que le amo, pero me alegro de su aparición y me alegro de que se le cen­sure en medio de la embriaguez eslavófila que parece habernos enloquecido actual­mente a todos» (carta al crítico Pisarev).

Una diferencia — agudamente notada por el crítico Ovsianiko-Kulikovski — entre Po­tugin y Turguenev existía sin embargo en el hecho de que, mientras Potugin, como occidentalista, veía con optimismo a su país, Turguenev era fundamentalmente es­céptico y pesimista. Al igual que Litvinov (v.), Potugin fue atacado por la crítica rusa, pero no sin contradicciones: algunos le juzgaron figura fracasada e incoherente, mientras otros veían en él- la más fuerte personalidad de la novela, «uno de los úl­timos ‘mohicanos’ del occidentalismo irre­flexivo».

Demasiado «elocuente», más o menos a la manera de Rudin (v.) o, como se dijo, a la manera del «raisonneur» en la comedia neoclásica, Potugin, una vez apla­cadas las iras, sigue teniendo un valor do­cumental, no carente de mérito artístico, respecto a la oposición que reinaba en Ru­sia entre occidentalistas y eslavófilos, y que a un observador lejano debía parecerle a la vez grave y cómica.

E. Lo Gatto