Porthos

En la célebre trilogía Los tres mosqueteros (v.), Veinte años después (v.) y El vizconde de Bragelonne (v.), de Alexandre Dumas, padre (1803-1870), Porthos representa la fuerza generosa e ingenua­mente fanfarrona.

Al lado del valeroso D’Artagnan (v.), del astuto Aramis (v.) y del noble Athos (v.), Porthos es un carácter elemental en el que el tipo del gigante bueno está animado por una ambición sin malicia que a veces le convierte en un tipo cómico, aunque sin alterar la limpidez de sus rasgos. Su creador le amó quizá más que a ningún otro de los personajes de la trilogía y, según narra su hijo, lloró cuan­do se vió obligado a hacerle morir, aplas­tado entre dos enormes moles de las que, a pesar de toda su fuerza, no logra libe­rarse. Como corresponde a su tipo, Porthos es el menos inteligente de los cuatro céle­bres compañeros, y se deja confiadamente guiar por ellos, prestándoles siempre gene­rosamente el auxilio de sus extraordinarias cualidades físicas.

Pero su cuerpo, de vez en cuando, adquiere una fuerza de expre­sión que le convierte en una de las figuras artísticamente mejor logradas de las tres novelas: así por ejemplo en Veinte años después, cuando, tras una tremenda carre­ra a caballo, le vemos dormido, con su enorme pecho jadeante en agobiado sueño. En sus últimos momentos, aparece en él un elemento nuevo: una sonrisa ligeramente burlona con la que reconoce su incapacidad para levantar el peso que habrá de aplas­tarle, y arrostra conscientemente la muerte. Este darse cuenta de cuanto puede haber de trágicamente humorístico en el morir aplastado, él, el más fuerte de los hombres, es tal vez un rasgo que el autor le presta «in extremis», pero que permanece en nues­tro recuerdo como una vena de agudeza siempre presente, aunque sólo se revele al final, en su tan imprevisible muerte.

U. Déttore