Polifemo y Galatea

La leyenda del cíclope Polifemo (v.) y de la ninfa Galatea (v.) ha tenido una particular fortuna desde los orígenes de la literatura griega hasta nuestros tiempos. Una primera elabo­ración del mito de Polifemo se encuentra, efectivamente, en el libro IX de la Odisea (v.), en que la figura del cíclope se nos presenta en actitudes bestiales, felinas, des- preciador de toda ley divina y humana.

También en el Cíclope (v.) de Eurípides, Po­lifemo vive solo y conserva sus cáracteres de misántropo devorador de hombres, y no hay en la obra ninguna alusión a la figura de Galatea. Pero es evidente que el mito del pastor solitario y el de la ninfa que personificaba la fertilidad de los rebaños debían estar ya en relación. Con el paso de la poesía de su inspiración heroica a su inspiración lírica, la figura del Cíclope se va ennobleciendo progresivamente hasta re­vestirse de ironía en la comedia ática y en los tardíos poetas ditirámbicos que presen­tan al monstruo homérico como amante bur­lado de la hermosa Galatea, que prefiere al pastor Acis (v.), el cual, por celos, es muerto por el gigante con un peñasco, y acto seguido convertido en pluma.

Esta segunda versión, ya cumplidamente elabo­rada en un ditirambo,-el titulado el Cíclope, de Filoxeno de Citera (435-380 a. de C.), imitado por Teócrito en sus Idilios (v.), por Calimaco y otros, fue repetida particu­larmente por Ovidio en los Fastos (v.) y en las Metamorfosis (v.), por donde vino a formar parte del caudal mitológico de la poesía clasicizante y barroca.