Hijo de Príarno (v.) y de Laotea, y hermano de Licaón, aparece fugazmente en el canto XX de la Ilíada (v.), así como en otras leyendas de la poesía antigua.
En la Ilíada se narra que, a causa de su juventud, su padre le ha prohibido tomar parte en los combates, pero a pesar de ello sigue un día a las tropas troyanas y es muerto por Aquiles (v.). Ulteriormente, su historia recibió diversas elaboraciones, conservando siempre su carácter patético y trágico, y la figura de Polidoro fué trasladada a Tracia, lejos del teatro de la guerra, junto a Polimnéstor, su huésped y más tarde su asesino.
Esta leyenda (que luego aprovecharon Pacubio, en la tragedia Iliona, hoy perdida; Virgilio, en la Eneida, III, y Ovidio en sus Metamorfosis, XIII, etc.) desempeña un papel importante en la Hécuba (v.) de Eurípides (480-406 a. de C.). En esta tragedia Poli- doro es hijo de Hécuba (v.) y no aparece vivo en escena, sino que su cadáver es arrojado por las olas a las costas del Quersoneso de Tracia, donde se desarrolla la acción, y es llevado a Hécuba precisamente en el momento de la caída de Troya, después del sacrificio de Polixena. A la tragedia de Eurípides interesa sólo la terrible venganza de Hécuba que hace cegar a Polimnéstor y dar muerte a sus hijos.
Pero la sombra de Polidoro es la que pone en marcha la acción del drama, cuyo prólogo recita, narrando lo ya acontecido y anunciando lo que ocurrirá en la tragedia, en la cual — dice — la madre verá los cadáveres de sus dos hijos. En realidad, el argumento de Hécuba no es más que esto: la desesperación y la venganza de la madre. Mientras el Polidoro de la Ilíada, héroe desventurado de un solo combate, es una figura completa y autónoma en su aparición rapidísima pero llena de detalles piadosos y simpáticos (Polidoro es uno de los muchos héroes de vida breve y gloriosa, que perecen en seguida en la batalla), el personaje de Eurípides posee sólo el patetismo de su muerte cruel y comparece ya como mera sombra para poner una nota lúgubre en una tragedia que no es la suya.
El destino de Polidoro como personaje poético, después de Homero, fue el de interesar sólo por los afectos que su fin suscita en otros. Así, en el famoso episodio virgiliano (Eneida, III), la voz del difunto Polidoro es ante todo una invitación a Eneas (v.) para que reflexione sobre las consecuencias de la avaricia («¡Qué no cometen los hombres por tu culpa, maldita hambre del oro!») y para que se dé cuenta de la insegura soledad que le impulsa a buscar una nueva patria.
F. Codino

