En el más antiguo mito griego, Pluto, el dios de la riqueza, figura como sano y floreciente hijo de Jasión y Deméter, o sea del trabajo agrícola, y como tal está representado en el arte figurativo al lado de Atena Hergane, o sea trabajadora.
Pero entre los poetas, especialmente entre los satíricos, que siempre se burlan de las intenciones moralizadoras de las personas serias, Pluto pasa a ser ciego, para significar la injusticia de la distribución de las riquezas, y como ciego es causa de mil males entre los hombres, y merece ser maldecido y relegado al Tártaro por el poeta Timocreón de Rodas (siglo V a. de C.). Su representación como dios ciego pasa a ser tradicional, y Aristófanes (450- c. 385 a. de C.) hace de él el personaje de una de sus últimas comedias, titulada con su nombre (v.). El gran comediógrafo ateniense carga las tintas y le hace sucio, torpe, feo y casi cojo.
La envidia de Zeus le ha reducido a aquel miserable estado. Cremilo, excelente padre de familia, lo encuentra inmediatamente después de que el oráculo le ha ordenado que arrastrara consigo a la primera persona con quien topara en su camino, y así va a parar, por fuerza, a casa de aquél. Inmediatamente, la casa empieza a enriquecerse. Pero Cremilo no es egoísta y quiere que Pluto recobre la vista para que de ahora en adelante favorezca a los justos y no como hasta aquí, a los malos y a los tramposos. Y Pluto es llevado al templo de Esculapio, para que éste le cure de su ceguera, y Carión, esclavo de Cremilo, describe la extrañísima operación.
Pluto no vuelve ya a aparecer en escena, pero el drama narra los prodigiosos efectos que su recobramiento de la vista provoca en el mundo: los sicofantes y los tramposos son presa de la miseria y los dioses languidecen sin una sola víctima. Pluto es un viejo paticojo, que parece carcomido por los años, un ciego que se arrastra de mala gana por los caminos del mundo, sabiendo que, indefectiblemente, llevará a las casas en que entre una hora de desenfrenada alegría, seguida de todos los vicios y maldades.
Pero su carácter cómico consiste en la inconsciencia de su fuerza extraordinaria y en el terror que siente por Zeus, cuando en realidad podría devorar de un bocado a todos los Zeus de este mundo. La disputa entre Carión, Cremilo y Pluto es muy divertida: los dos primeros, triunfantes y excitados por su descubrimiento, le llevan a casa, le invitan a recobrar la vista, le incitan, le gritan por diversos modos que es más poderoso que Zeus, y él, en cambio, permanece incrédulo, temblando como un anciano sumiso a su destino a quien le propusieran una peligrosa aventura. El único símbolo del retrato es el inicial y convencional de la ceguera; y Aristófanes no se sirve de él para exponer teorías serias sobre el problema de la riqueza y de la pobreza, sino que recurre más bien a Cremilo, cuyas sentencias prenuncian ya las de ciertos personajes de la «comedia nueva».
En Timón el misántropo (v.), de Luciano, el viejo Pluto figura como personaje, y en cuanto a astucia y fineza de sátira, nada tiene que envidiar a las representaciones más antiguas, pues rezuma aquel ingenioso brío tan típico de Luciano. Ludvig Holberg (1684- 1754), el gran dramaturgo danés, en su Pluto o Proceso entre la Pobreza y la Riqueza, comedia heroica en cinco actos, desarrolló sobre una base filosófica los motivos de la obra de Aristófanes. Con semejante característica, si bien supo espolvorear su drama con fino humanismo satírico y sal ática, logró una composición que en nada recuerda la divertida y fantástica comedia aristofanesca, tan ajena a todo rigor lógico.
En Holberg, Pluto, al dar riquezas tras haber recobrado la vista, convierte en injustos y malvados a los nuevos ricos, de tal modo que al final, en bien de la ciudad, hay que expulsarle y volver a llamar a la Pobreza. En Aristófanes, Pluto es un sueño hacia el cual el alma amargada se evade, en una esperanza sencilla, pero dulce, según un proceso característico de Aristófanes (v. Los Acamenses, Las Aves, etc.); en Holberg, es el símbolo de una amarga y escéptica proposición filosófica.
P. Pucci

