Es la heroína de Las confesiones de un italiano de Ippolito Nievo (1831- 1861). La figura más acariciada por la fantasía creadora del novelista y uno de los personajes femeninos mejor logrados de la literatura italiana.
Es la hija menor de la condesa de Fratta, en cuyo castillo transcurre la infancia y la adolescencia de Cario Altoviti. Pisana es el único ser de su familia que, ya desde niña, simpatiza con Cario, el huérfano a quien los demás sólo soportan; él, por su parte, la idolatra desde sus primeros años y se convierte luego en su esclavo, feliz de serlo y dispuesto a secundar su menor capricho a cambio de una sonrisa, y desdichado, aunque no rebelde, cuando ella, como caprichosa soberana, parece haberle olvidado. Pisana es bella, inteligente, generosa, coqueta y antojadiza; no se deja llevar por nadie, sino por la más caprichosa fantasía.
Pero Cario la adora a pesar de que la conoce, y ella habrá de ser el demonio a la vez maléfico y benéfico de toda su vida aventurera. Pisana corresponde al amor de su fiel siervo, y sin embargo, tras haber coqueteado con unos y otros, se casa con un anciano noble veneciano, por distintas razones entre las cuales no es la última la de despechar a Cario. Su alma generosa y su espontáneo temperamento romántico se ven a menudo sofocados por una amoralidad dieciochesca que da origen a su ligereza de corazón, a su caprichoso egoísmo y a su flaqueza ante el placer. Traiciona a su marido, pero en vista de que su amante no tiene valor para convertirse en libertador de Venecia, vendida por Napoleón a Austria, le abandona y vuelve a Cario.
Las vicisitudes políticas los separan; más tarde Cario encuentra que, por odio a los reaccionarios, se ha convertido en amante de Carafa, uno de los jefes militares de la república romana. Pero poco después, ella le salvará de las manos de Mammone, jefe de los sanfedistas. Tras un período de heroico amor en Génova y Bolonia, al sucumbir la república cisalpina, Pisana abandona a su amigo; pero cuando él enferma de añoranza, le asiste con infinita abnegación y, una vez curado, quiere que se case con Aquilina, excelente muchacha que podrá darle aquella serenidad familiar que no pudo brindarle ella. Luego desaparece, mas para reaparecer nueva y romántica, una vez más en el papel de salvadora, cuando Cario, después de los disturbios de 1820 en Nápoles, ha caído prisionero y, tras perder la vista en la cárcel, corre el peligro de ser ajusticiado.
Gracias a ella, su pena es conmutada por la de destierro; en su compañía va a Londres, donde la abnegación de Pisana llega hasta el punto de pedir limosna por su antiguo amante, consumiendo en su auxilio sus fuerzas hasta tal extremo que, cuando él recobra la vista, ella muere, contenta de su último sacrificio. Se advierte en el personaje una mezcla de ingenuidad y de corrupción, de impulsos y de constancia, que finalmente se resuelve en una heroica generosidad amorosa, sugestivamente femenina.
R. Ramat

