[Pygmalion]. El mito de Pigmalión, narrado por Ovidio en el libro X de las Metamorfosis (v.), es un ejemplo de religiosidad premiada, y es notable por el ingenuo sentido del prodigio que parece inspirarlo.
Horrorizado por la impiedad de las Propétidas, muchachas chipriotas que habían sido transformadas en piedras por haber renegado de la diosa Venus, Pigmalión resuelve renunciar a casarse para no correr los riesgos a que podían exponerle las intemperancias femeninas. Pero por pasatiempo esculpe una estatua de marfil, punto por punto parecida a una muchacha, y la conserva con amoroso cuidado, vistiéndola y adornándola como si se tratara de una persona viviente: incluso se la lleva a la cama, y la convierte en compañera de su sueño.
Un día, durante una fiesta solemne que se celebra en Chipre en honor de Venus, Pigmalión ruega a la diosa que le conceda una muchacha parecida a la que esculpiera, y Venus expresa su consentimiento mediante una lengua de fuego que por tres veces refulge en el aire. Y cuando Pigmalión regresa a su casa y se inclina sobre su cama para besar a la joven de marfil, la estatua le parece tibia como si fuera de carne, y, en efecto, poco a poco empieza a animarse hasta que se manifiesta en su verdadero ser de mujer púdica y temerosa.
El nuevo esposo, satisfecho, levanta las palmas al cielo en señal de gratitud y entona un himno a Venus para agradecerle su magnífico don. De esas bodas nació Pafos, el fundador de la ciudad de su nombre en la isla de Chipre, en la que se levantaba el más famoso de los templos de Venus. G. Bernard Shaw (1856- 1950) nos ha dado un moderno Pigmalión en su profesor Higgins, protagonista de una de sus mejores comedias (v. Pigmalión).
G. Puccioni

