Peter Schlemihl

Protagonista de una célebre novela de Adalbert von Chamisso (1781-1838), La historia maravillosa de Pe­ter Schlemihl, Peter es el hombre que ven­dió su sombra al diablo, una especie de Fausto (v.) más sencillo y más modesto, y también más campechanamente poético.

Pe­ter no tiene sueños ni grandes ambiciones, y al principio ni siquiera se da cuenta de haber pactado con el diablo, por cuanto éste se le presentó bajo las apariencias de un buen burgués: en el fondo, está con­vencido de haber hecho un sencillo nego­cio trocando algo que le parece inútil, su sombra, por algo que le parece tan nece­sario como la riqueza. Sólo más tarde se da cuenta de que el contrato tenía un al­cance mucho más vasto: la sombra es el conjunto de las apariencias, y el dinero, que sólo sirve en cuanto construye apa­riencias, no tiene ningún valor para quien ha renunciado a ellas.

En realidad, el dia­blo le ha jugado una mala pasada: está seguro de que dentro de poco Peter vol­verá a él para reclamarle su sombra y está dispuesto a no devolvérsela más que a cambio de su alma. Pero Peter rechaza este nuevo contrato: aquel desdichado en busca de trabajo, aquel típico «hombre de la calle» no bromea con lo que le trasciende: prefiere renunciar a la sombra y al di­nero, o sea a todo cuanto hay de material en la exterioridad y en la sustancia, y que­darse solo.

En este paso, en este salto a una santidad para la que no está preparado; la humanidad de Peter se revela de pronto: aquel hombre mediocre intenta tímida y torpemente elevarse a la ascesis que se le impone ayudándose con la contemplación de la naturaleza, y si no es feliz, ya que no puede bastarse totalmente en su sole­dad, por lo menos está sereno, porque su buena voluntad le reconforta. Y esa bon­dad innata que existe en él, como en todos los hombres de buena voluntad, y que de pronto se revela, nos conmueve y nos re­conforta.

U. Déttore