[Pelle Erobreren]. Protagonista de la novela de su mismo nombre (v.), del escritor danés Martin Andersen Nexo (1869-1954). Con él aparece una vez más — quizá la última — en la literatura danesa la figura del benjamín de la fortuna que partiendo de una mísera situación inicial llega a la felicidad casi sin fatiga, sólo siguiendo el camino que el destino le ha fijado de antemano.
Hermano, en este sentido, de Aladino (v.) y de Pedro el Afortunado (v.), Pelle difiere de éstos en cuanto su fortuna no es individual y el desarrollo de su personalidad no constituye un fin en sí mismo. Para el autor — socialista convencido —, el culto romántico al individuo es algo ya remoto y superado desde hace mucho tiempo, pero en él sigue viviendo, por lo menos en esta fase de su actividad literaria, como optimista confianza en la bondad y el progreso, humanos.
Pelle no conquista castillos encantados ni llega a ser un gran artista: la naturaleza le ha concedido generosamente sus dones para que los emplee en bien de la infinita multitud de los pobres y oprimidos. Al pasar de una mísera infancia — serena, con todo, gracias a su directo contacto con la naturaleza — a la vida sin sol del proletariado urbano, Pelle se convierte espontánea y naturalmente, primero en agitador político, y’ luego en creador de un vasto y afortunado sistema de cooperativas. Templado por la miseria y el dolor, no se deja vencer por la desesperación ni por el desaliento, antes por el contrario halla en sí la fuerza de transformar en beneficio propio, gracias al estudio y a la meditación, la triste experiencia de la cárcel.
Así, cuando sale de ella, después de cumplir una injusta condena de cuatro años, está maduro para el gran combate que ha de conquistar para el proletariado no sólo una mejora material, sino algo que vale mucho más: su propia dignidad humana. Sin haber perdido nada de su entusiasmo ni de su confianza, Pelle no conducirá ya más a las masas hambrientas ante el palacio real en súplica de justicia, sino que les señalará la posibilidad de un trabajo independiente que les permita sustraerse a la explotación de que sus patronos les hacen objeto. Viva y humana en sus relaciones con su padre y con su esposa* y abstracta y no siempre artísticamente convincente en su papel de elegido de Dios para el bienestar de las masas, la figura de Pelle es tal como podía soñarla un socialista optimista y convencido en la Dinamarca de principios del siglo XX.
Pero la triste experiencia, siquiera sea indirecta, de la primera guerra mundial y de la revolución rusa parecen haber arrebatado al autor — pasado desde entonces al comunismo — una parte de su optimista concepción de la vida: la figura de Pelle nos interesa, pues, como documento de una época de transición, lo mismo para Nexo que para Dinamarca. Si por una parte, en efecto, es un último heredero de la tradición romántica, por otra es ya un símbolo de las nuevas luchas en nombre del proletariado.
A. Manghi

