Pattuas

Protagonista del largo Relato neogriego titulado con su nombre, del cretense Gianni Kondilakis (1861- 1920). Precoz en su desarrollo físico, pero lento y de inteligencia limitada, este mu­chacho y a quien sus paisanos dan el sobrenombre de Patujas por alusión a sus pies anchos y planos, huye un día a la montaña para escapar al cotidiano martirio de la escuela, donde un viejo monje enseña el alfabeto con ayuda del bastón. Patujas vive así varios años una vida de pastor, guardando los rebaños paternos, feliz entre bosques y prados.

Pero la pubertad le hace cambiar de humor. De la alegría desen­frenada pasa súbitamente a una melanco­lía de la que no sabe hallar la razón. Cual­quier cosa nueva le hace sentir ahora el peso de su soledad y le impulsa a buscar la compañía humana. A los dieciocho años, ese ingenuo y torpe gigante vuelve a su pueblo, donde es alegremente acogido. Su instinto viril se ha despertado y le in­duce a la vida social. Sus padres piensan en casarlo con una bella muchacha, la Pighí… Pero la boda está lejos aún y Patujas tiene prisa. La coquetería de la joven y su indiferente calma le excitan más aún, de modo que acaba por fijarse en otra muchacha, la Marghí, hija de una viuda, que le desdeña.

Para llamar su atención, Patujas lleva a cabo ingenuas bravuconadas y ridículas hazañas. Así, pa­sea ante la casa de su bella con un de­lantal de abigarrados colores o deja ante su puerta, como tributo de amor, enormes piedras que ha levantado para dar prueba de su fuerza. Un día que la muchacha vuelve a su casa montada en un asno, Pa­tujas se empeña en levantar en brazos a la joven y a su cabalgadura. Pero la Marghí escapa de un salto al rústico ho­menaje, y Patujas se contenta con llevar en triunfo al animal hasta la puerta de la casa. La joven sonríe pero no se con­mueve. Y Patujas, picado en su orgullo de varón, concibe el proyecto de raptarla. Pero el epílogo resulta cómico.

La sorpre­sa, favorecida por la oscuridad, durante una noche de carnaval, le permite llevar a cabo su proyecto. Pero, al llegar a su casa, tras una tumultuosa carrera, Patujas se da cuenta de que en lugar de la hija ha raptado a la madre. El incidente sus­cita la hilaridad entre la gente del pueblo e induce a los padres de Patujas a apre­surar su casamiento. Con ello los turbios furores de la adolescencia no tardarán en aplacarse en los apacibles cauces de la vida familiar.

B. Lavagnini