Pándaro, como otros principales personajes de la leyenda troyana, pasó, a través de las refundiciones latinas de la Ilíada (v. Ciclo clásico y Relatos sobre Troya) a la literatura novelesca medieval; pero su figura, tal como se desarrolló en las literaturas occidentales, poca analogía guarda con la de la antigüedad clásica.
En el Filóstrato (v.) de Boccaccio, Pándaro es un joven «de alto linaje y muy valeroso», compañero de Troilo (v.) y muy semejante a él, que ofrece sus buenos oficios cerca de su prima Criseida (v.), sirve de mensajero e intermediario entre los amantes, pero no llega jamás a recurrir a complicados ardides ni a esmaltar su solicitud con irónicas consideraciones.
En el Troilo y Criseida (v.) de Geoffrey Chaucer (1340/45- 1400), Pándaro es tío de Criseida, y por lo tanto hombre de cierta edad, pero todavía empeñado en amorosas aventuras, aunque sin éxito: es un agradable compañero, agudo y sentencioso, algo cómico, aunque no tanto como pueda parecer a nuestros ojos, poco avezados a la sentenciosidad medieval. Pándaro es en el Troilo de Chaucer el personaje dominante: a él se debe el tono humorístico y bonachón que caracteriza el poema.
En el Troilo y Crésida (v.), de Shakespeare (1564-1616), Pándaro se ha trocado de amigo servicial en viejo libertino aficionado a la alcahuetería; por todos sus poros rezuma el veneno frío y viscoso de la libidinosidad, y parece literalmente salir de una mancebía del siglo XVI. Tanto es así, que el nombre «Pandar» (actualmente «pander») se ha empleado comúnmente en Inglaterra, desde el siglo XVI, en el sentido de «rufián»; el primer testimonio de tal uso es de 1530.
M. Praz

