Padre Brown

[Father Brown]. Prota­gonista de Las historias del padre Brown (v.), del autor inglés Gilbert Keith Chesterton (1874-1936).

El padre Brown es un modesto sacerdote católico de pequeña es­tatura, cara redonda e inexpresiva y as­pecto más bien torpe, perpetuamente pre­ocupado por no perder su inseparable pa­raguas ni los numerosos paquetes que suele llevar; parece la encarnación de lo más casero e inocente, pero bajo su aparente ingenuidad posee un cerebro que trabaja y le permite desenmarañar los más intrin­cados problemas policíacos. Posee un mé­todo, ni más ni menos que Sherlock Holmes (v.), Augusto Dupin (v.) o Philo Vanee (v.).

Pero su método no es científico: mien­tras los policías y criminólogos modernos contemplan a los hombres desde fuera, es­tudiándolos como si fueran gigantescos in­sectos, bajo una luz que ellos llaman im­parcial, pero que en realidad está muerta y deshumanizada, el padre Brown procura entrar en cada personaje, pensando como él, luchando con sus mismas pasiones, has­ta lograr ver el mundo «con sus ojos ce­ñudos, inyectados en sangre». Este ejercicio tiene para él un altísimo valor religioso, ya que sólo se puede ser verdaderamente bueno cuando se sabe hasta qué punto se puede ser malo.

El padre Brown es un gran enemigo de la superstición, en la cual ve lo contrario de la verdadera espiritua­lidad, y la combate por todos los medios, demostrando sus absurdos. Pero lo que le distingue más netamente de los demás «detectives» es el hecho de que no se pre­ocupa únicamente por descubrir al culpable para entregarle a la justicia, sino sobre todo para salvar su alma, y más de una vez logra convertir al delincuente, como lo demuestra la extraordinaria conversión de aquel verdadero artista del crimen que es el gascón Flambeau (v.), que más tarde llega a ser su amigo y colaborador en nu­merosas empresas. El padre Brown es el signo de la tradición ortodoxa, victoriosa frente a la vacua ciencia materialista que, en su búsqueda de inexistentes leyes, deja escapar las más profundas realidades de la vida.

M. Praz