Personaje de la novela Oblomov (v.) de Iván Goncharov (Ivan Alexandrovič Goncarov, 1812-1891). En la galería de figuras femeninas de la literatura rusa en el siglo XIX, Olga Iljinskaia debe considerarse, al igual que la Tatiana Larin (v.) de Eugenio Onieguin (v.), como una figura ideal, o más aún, para decirlo con palabras de un crítico nada sospechoso, Dobroliubov, autor de un ensayo sobre el «oblomovismo», como el más alto ideal que un artista ruso podía concebir a partir de la vida rusa de la época.
«Piedra de toque — según el juicio de otro crítico, Drujinin — de todo el drama oblomoviano». En efecto, sin la aventura amorosa, la figura de Oblomov no se revelaría en toda su plenitud. En cierto sentido, la verdadera contrafigura de Oblomov (v.), más que el enérgico y activo Stolz (v.) es Olga, figura de mujer insatisfecha de su felicidad personal, para quien la vida es una misión, fundada no en el deseo de sufrir, sino en el sentimiento del deber. Este deber le es dictado sobre todo por el sentido común, el equilibrio espiritual y mía serena consideración del porvenir.
Todos estos temas, gracias al admirable arte del escritor, no caen jamás en los convencionalismos de la oratoria, sino que se mantienen dentro de una atmósfera de delicada poesía, de feminidad, de gracia y de dulzura, no menores que las que hallamos en la Tatiana de Pushkin, de la cual Olga es un ulterior desarrollo, en un ambiente de mayor cultura y de obligaciones morales y sociales más precisas.
E. Lo Gatto

