Heroínas del drama Las tres hermanas (v.) de Antón Chejov (Antón Pavlovič Čechov, 1860-1904). A pesar de las zonas inevitablemente esfumadas que su pintura ofrece, las tres hermanas forman en cierto modo una sola criatura, identificándose en la gris atmósfera que crean a su alrededor, y atormentadas por un mismo mal: la nostalgia de una vida que les diga al menos por qué deben vivir, y por qué sufren y languidecen.
Las tres son inteligentes y delicadas, y las exaspera por igual la mezquina trivialidad del ambiente provinciano en que vegetan. Por ello tienen las tres un solo sueño: ir a Moscú. Los matices de su carácter van desde la alegría de Irina a la tristeza de Macha, a través de la serena melancolía de Olga. Pero con alegría, melancolía o tristeza, las tres tienen en común un agudo afán de actividad y un indecible hastío de sus ocupaciones, que ellas no han elegido sino que meramente han aceptado o sufrido: «Todo ocurre a pesar de nuestra voluntad», dice Olga.
Pero precisamente otro rasgo que les es común es la falta de voluntad, de una voluntad que logre romper el mágico círculo en que se hallan encerradas, más allá del cual vislumbran como en un espejismo otra vida, aunque sea una vida imposible para ellas: una vida que un día u otro reinará en la tierra, una vida cuya alegría será el fruto de los sufrimientos de hoy. «La felicidad y la paz descenderán sobre la tierra y los que hoy han vivido serán bendecidos… Dentro de poco sabremos por qué existimos y por qué sufrimos»: éste es el motivo que se repite, con pocas variaciones, en casi todos los dramas de Chejov; el mismo motivo con que Sonia consuela a su Tío Vania (v.) en el drama de este nombre (v.). Más que en los otros dramas, en Las tres hermanas la realidad se transforma líricamente; los acontecimientos se desarrollan en el curso de algunos años: el hermano de Olga, Macha e Irina, se casa y tiene hijos; la mayor de las tres hermanas, Olga, pasa de maestra a directora; la segunda, Macha, casada con un profesor de enseñanza media, tiene una aventura amorosa con un oficial, de guarnición en la pequeña ciudad en que vive; la última, Irina, acepta un empleo y se promete con un teniente retirado, que muere poco después.
Se trata de acontecimientos de la vida cotidiana, sin relieve ni importancia, pero que, a través de la atmósfera creada por el estado de ánimo de las tres hermanas, adquieren un valor casi simbólico, tal vez más triste que la miseria y la vacuidad de la cotidiana realidad en que aquéllas se mueven.
E. Lo Gatto

