Nathan el Sabio

[Nathan der Weise]. Personaje del «poema dramático» homóni­mo (v.), de G. E. Lessing (1729-1781). Lessing, además de contar entre sus amigos con un sabio como el filósofo judío Mendelssohn, había encontrado en la novela III de la décima jornada del Decamerón (v.) el nombre y la figura de otro Nathan, vie­jo oriental, tan rico como poderoso y pru­dente, dispuesto a sacrificar su vida por amor al bien, y maestro del joven Mitradanes, el cual sentía por él una absurda y desmesurada envidia.

El Decamerón le ofrecía además otros temas, entre los cua­les descuella la sagaz respuesta del judío Melquisedec a Saladino, que con su pará­bola de los tres anillos pretendía descon­certarle (I, 3). Pero con su Nathan, Les­sing no se proponía únicamente poner en escena la novela boccacciesca: se valía de él en el momento en que la censura po­nía autoritariamente término a su polémica contra la ortodoxia luterana capitaneada por Goeze (v. Anti Goeze), para expresar las más puras enseñanzas de su pensamiento religioso. De la parábola de Melquisedec to­maba únicamente la invitación a la tole­rancia religiosa, por cuanto «cuál de las tres Leyes (hebrea, cristiana o mahometa­na) dadas a los tres pueblos por el Dios padre» es la verdadera, es — decía — un problema que está todavía por resolver.

Na­than revela el altísimo temple de su pru­dencia modificando esencialmente la pará­bola (el verdadero anillo, en lugar de li­mitarse a asegurar el derecho de primacía familiar, atrae el amor de Dios y de los hombres sobre quien cree en tal amor, y es por lo tanto el símbolo de la elección religiosa para quien es digno de ella), y lleva la interpretación de aquélla más allá de la tolerancia. La respuesta del juez, ante el cual los tres hermanos plantean su litigio, niega la autenticidad exclusiva de cada uno de los tres anillos por sí solo (ya que en rigor los tres hermanos demuestran sentir mayor amor por sí mismos que por los demás).

Y la exhortación que les dirige a que cada uno de ellos se esfuerce en descubrir en su propio anillo la virtud del auténtico, tendiendo a un amor libre de todo prejuicio e impregnado de caridad y de devoción a Dios, expresa la fe religiosa de Nathan y la de Lessing: todas las reli­giones positivas son falsas cuando su po­sesión, esto es, la letra de su Ley, apaga aquel amor; pero todas pueden ser ver­daderas cuando se practican en su virtud esencial de devoción a Dios y de caridad para con los hombres. Ésta es la fe que Nathan ha adquirido con la experiencia más dolorosa de su vida, según revela a la piadosa sencillez del hermano Bonafides. En una matanza perpetrada por los cristianos, en efecto, Nathan había perdido to­da su familia, compuesta de esposa y siete hijos, y había llegado a desesperar de Dios; pero luego le habían llevado una niña, huér­fana de padres cristianos, y con el per­dón había recobrado la fe.

Y había cria­do a su Recha de acuerdo con aquellos principios de pura humanidad que eran también la religión verdadera. Del mismo modo que, en la acción dramática, Nathan educa a Recha disipando las nieblas mi­tológicas en que amenaza extraviarla su salvación de las llamas por obra del Tem­plario, también ahora no cesa de ofrecer a todos el auxilio de su cordial sabiduría; y los más dignos, juntamente con Recha, Saladino y el Templario, no sólo acaban reconstituyendo una familia, sino que, jun­tamente con aquél, nos ofrecen, en la ciu­dad del Gran Sacrificio, el primer ejemplo de armonía religiosa entre tres religiones positivas distintas. Nathan viene así a ser el artífice que realiza en un juego escé­nico aquella religión de la humanidad que constituía el máximo ideal de la época de Goethe.

L. Vincenti