Natana

Hija de Nastásia, es la don­cella destinada por Aloma (v. Evast y Alo­ma) a casarse con el protagonista de Blanquema (v.), la gran novela del filó­sofo y escritor catalán Ramón Llull (1233- 1315/16).

Una vez que Blanquerna (v.) hubo expuesto a sus padres, Evast y Aloma, su deseo de abandonar el mundo y abrazar la vida contemplativa, la madre concierta con Nastásia el matrimonio del héroe con Natana. Mas la confrontación a que los so­meten las respectivas madres no sólo no da los frutos apetecidos, sino que Natana se siente movida desde lo más hondo por la palabra de Dios que le comunica Blan­querna y decide, ella también, abandonar el mundo y entrar en religión. «Al prin­cipio de nuestra conversación — confiesa Natana —, amor me hacía amar vuestro cuerpo y vuestro gallardo porte, pero ahora mi alma se ha enaltecido a amar las vir­tudes de vuestra alma».

Surge entonces una total oposición entre madre e hija, en la que la primera intenta mostrar los go­ces del mundo a la segunda, que pone de relieve el vacío y el engaño que compor­tan, lo que da ocasión a que Natana aban­done subrepticiamente el hogar y busque refugio en un convento. Las monjas de­fienden a la doncella enamorada de Dios, pero la madre, junto con todos sus pa­rientes, intenta rescatarla por la fuerza, en unas escenas que hacen pensar en la vida de santa Clara. Finalmente, la pala­bra dulce y cariñosa de la superiora hace que Nastásia y sus familiares acepten el hecho consumado.

Mientras la madre hace vida de penitencia junto a dicho convento y distribuye sus bienes entre los pobres, Natana es nombrada sacristana y, poco des­pués, es elegida abadesa, efectuando una reforma total de la vida monástica feme­nina paralela a la que cumple Blanquerna en la masculina. Nuestra doncella, uno de los pocos personajes femeninos individua­lizados que aparecen en el copioso y extra­ordinario corpus luliano, «muy hermosa y graciosa», resalta por su firmeza y femi­nidad.