Personaje de la comedia Los rivales (v.), de Richard Brinsley Sheridan (1751-1816). Sus características más destacadas son el deber y, la severidad.
Todo ha de hallarse en orden, y cualquier cosa que turbe su tranquilidad la irrita. Dice ella misma, hablando de su marido: «Antes de casarme con él detestaba a vuestro tío, lo cual, empero, no me ha impedido cumplir dignamente con mis deberes de esposa. No hay preferencias ni aversiones eternas». Los sentimientos ajenos son algo sin importancia; las personas que la rodean no existen, y aun sir Anthony, que maniobra conjuntamente con Mrs. Malaprop para que Lydia se case con su hijo, no es, para aquélla, más que un instrumento con que imponer su propia voluntad.
Su teoría referente a la educación de las muchachas coincide con su exigencia de tener a su alrededor solamente a personas subyugadas: una joven debe saber ser agradable y apreciada en sociedad, pero cualquier sistema educativo o toda particularidad que puedan despertar una personalidad propia son peligrosos. En el centro de todas las cosas sitúa su persona; quiere dar la impresión de ser una mujer refinada y de gran cultura, y, con el fin de realzar su conversación, la siembra de palabras presuntuosas y complicadas en bendita prodigalidad. Ésta es la base más característica sobre la que se fundamenta el autor para trazar la sátira de su personaje, ya suficientemente cómico gracias a la tierna pasión que alienta hacia el capitán escocés, desahogada en un epistolario amoroso que la sagacidad de una astuta sirvienta convierte en fuente de innumerables equívocos.
De esta suerte, la rígida figura de Mrs. Malaprop, dominada exclusivamente por el egoísmo y una absoluta falta de comprensión para con los demás, queda suavizada por la comicidad de sus propias debilidades, por el presuntuoso e ignorante amaneramiento de su lenguaje y por su absurdo sentimentalismo de mujer ya algo más que madura.
L. Cantini

