Mar’ja Ivanovna Mironova, heroína de la novela La hija del Capitán (v.), de Alejandro Pushkin (Aleksandr Sergeevič Puškin, 1799-1837), es sin duda una de las más bellas e intensas figuras creadas por el gran poeta y novelista ruso.
Por ello no sorprende que la crítica rusa la sitúe al lado de la figura de Tatiana (v.) de Eugenio Onieguin (v.) y la célebre como el ideal de la mujer de su tierra, sobre todo por cuanto en ella se funden y concillan numerosos y diversos elementos espirituales y sentimentales. Mar’ja Ivanovna es toda sensibilidad, impresionabilidad y feminidad, pero al mismo tiempo es resuelta y decidida en sus acciones cuando debe fijar por sí misma cuáles deben ser sus relaciones con los hombres. Habla poco, pero no por desconfianza, sino porque su rica vida interior le permite comprender a los demás y sus impulsos.
Sin esa cualidad sería difícil explicar sus actos, después de que su madre la ha definido como «miedosa», que «no puede oír un tiro sin temblar». Ciertamente, parece miedosa cuando siente que va a desmayarse ante la emperatriz, pero le basta oír que llaman «traidor» a su amado Grinev (v.), para hallar la fuerza de proclamar que se trata de un error. Esa fusión, admirablemente dosificada desde el punto de vista artístico, es el rasgo más característico de su personalidad. Si es verdad que, como observa la crítica rusa, ninguno de sus rasgos es extraño a su pueblo, no es menos cierto que las cualidades positivas que manifiesta tienen un valor que puede llamarse universal.
E. Lo Gatto

