Personaje histórico, protagonista de un famoso texto budista en pāli, el Milindapañha (v.). Milinda es el nombre indio del rey griego Menandro, que durante unos treinta años, alrededor del 100 antes de Jesucristo, dominó un vasto reino que, además de toda la región del Indo, comprendía gran parte del territorio bañado por el Ganges.
En el Milindapañha se le representa como un soberano en quien se juntan las dotes más envidiables y las más bellas virtudes: señor de un vasto imperio guardado por un ejército poderoso, su prestancia física y su valor eran excepcionales, poseía un raro y profundo conocimiento de los sistemas filosóficos, de los textos religiosos, de las artes y de las ciencias y en general de toda la cultura india, y sabía comportarse como un maestro y un dialéctico insuperable en sus discusiones eruditas con los hombres más doctos de su época.
El encuentro de Milinda con el sabio monje budista Nāgasena había sido — según una invención puramente india que hallamos en la introducción del Milindapañlna, relativa a la constante alternativa de la vida y de la muerte — predestinado por los acontecimientos de una existencia anterior de ambos personajes, que habían vivido en tiempos de Buda bajo la forma de monjes budistas, siendo precisamente Nágasena el más viejo y Milinda el novicio. Entonces el propio Buda había profetizado que los dos volverían a encontrarse en la tierra al cabo de quinientos años y exaltarían y explicarían sabiamente su doctrina.
Y la conclusión de la larga disputa entre Milinda y Nāgasena es realmente edificante y ejemplar: el rey, en efecto, viendo desvanecerse en su corazón todas las dudas a la vez que desaparecía su capacidad de discutir y contradecir, que tantas veces le había dado el triunfo ante sabios más iluminados que él, reconoce la sublimidad de la doctrina de Buda y se convierte a ella. Tal es la representación literaria india del rey griego Menandro, en la que el elemento fantástico-novelesco presta a su figura bellos y acertados rasgos.
Y si bien cabe poner en duda la veracidad del encuentro con Nāgasena, no puede negarse que el rey Menandro debió de tener frecuentes relaciones con la comunidad budista y simpatizó con el budismo, suponiendo que no se adhiriera formalmente a él. Plutarco nos transmite un dato sintomático cuando recuerda que, a la muerte de Menandro, varias ciudades se disputaron sus cenizas, y edificaron luego un monumento conmemorativo sobre la parte de éstas que había correspondido a cada una. Según la leyenda, un hecho análogo aconteció después de la muerte de Buda.
M. Vallauri

