Quién sea Matelda, o a qué figura histórica corresponda, es difícil decirlo; pero en el fondo no tiene importancia: Matelda es sobre todo la «bella mujer» que tiene por misión explicar a Dante la condición del paraíso terrenal, guiarle para que vea la procesión que simboliza el triunfo de la Iglesia, y sumergirlo en los ríos Leteo y Eunoé: Matelda, pues, acompaña a Dante desde el momento en que Virgilio le declara señor de sí mismo hasta el instante en que se siente «puro y dispuesto» a remontarse con Beatriz (v.) hasta el Paraíso.
La figura de Matelda permanece, es cierto, envuelta en una aura de idilio y de ensueño (o de serena felicidad, gracia ligera e inocente beatitud); pero siempre se trata de un idilio dantesco, no de un idilio renacentista (como creía Vossler, para quien es «el mejor asunto para un pintor como Botticelli»). Cuando Matelda sumerge a Dante en el Leteo, el acto pierde toda apariencia material y la escena adquiere una levedad y un aspecto sobrenatural que visiblemente responden a su profunda significación. Matelda es pues una figura femenina pintada sin hondura, un personaje sobrehumano, como un ensueño.
P. Baldelli

