Marcos Kralievich

[Marko Kraljevic o Krali Marko]. Figura histórica que ha pasado a la leyenda en la poesía de los eslavos meridionales. Aunque serbio, go­bernó una porción de territorio búlgaro, y así, aparece también denominado en las fuentes «el búlgaro Krali Marko». Por ello se lo disputan ambos pueblos.En la forma serbia (Marko Kraljevic), su nombre sig­nifica «Marko hijo de rey»; en la búlgara (Krali Marko), «rey Marko».

Era hijo de Vukasin, gran escudero, quien, tras haber sido gobernador serbio de una provincia macedónica que comprendía la Mesia y la Bulgaria occidental, proclamóse en 1366 rey de Serbia en Prilep para defender al país de la apremiante amenaza turca. Poco es lo que se conoce acerca de su nacimiento (acontecido hacia 1335). Sábese que, como su padre, fue colmado de honores por el gran monarca Dusan, quien había reinado antes ‘que aquél se apoderase del trono. Aparece mencionado por vez primera en las fuentes históricas como mensajero del rey Uros, sucesor de Dusan (a quien, según algunos cantos serbios, habría matado). Muerto su padre en la guerra en 1371, Marko sucedióle en el trono, y reinó sobre el mismo territorio del que aquél había sido gobernador.

Sin embargo, impotente para hacer frente a la presión otomana, hubo muy pronto de someterse, tras vanos intentos de resistencia armada, al sultán Murad, y declararse vasallo suyo, con sede en Prilep (donde pueden verse todavía las llamadas por ello «torres de Marko»). El 10 de octubre de 1394 (o sea el año siguiente al de la caída de Bulgaria en poder de los turcos) murió en el campo de batalla de Rovine cuando acompañaba al sultán Bayaceto I en una expedición contra el voivoda valaco Mirceo. Nada se conoce de él, y, por otra parte, tampoco lo que se sabe justifica, en realidad, la aureola de héroe fabuloso que circundó su recuerdo en la fantasía popular, la cual le atribuyó una fuerza y un valor sobrehumanos, así como^ las más inverosímiles y portentosas hazañas, creando a su alrededor un am­biente de leyenda que dio vida a la más rica floración de cantos épicos de toda la península balcánica.

En esencia, Marko Kraljevic pereció luchando al lado de los turcos, y es probable que tomara parte, precisamente, en la batalla de Kosovo (1389), fatal para los serbios; la leyenda, empero, pretende que, antes de morir, in­vocó, en el campo de lucha, la muerte para sí y el auxilio divino para los cris­tianos. Este mero e insignificante episodio agigantado por la imaginación del pueblo, constituyó, seguramente, el primer origen de su excepcional popularidad y del torren­te de leyendas aparecidas a su alrededor. La primera de ellas, sin embargo, formóse inmediatamente después de su muerte, y difundió la creencia de que el héroe no había perecido, sino que aguardaba en una caverna el día en que de nuevo habría de ver la luz del sol.

Los ciclos de cantos he­roicos acerca de sus hazañas se cuentan entre los más ricos y bellos no sólo de la poesía popular serbocroata y búlgara, sino también de la europea en general. A me­nudo se le atribuyen acciones llevadas a cabo por otros: Marko es cual la perso­nificación de cuanto el recuerdo popular va transmitiendo de heroico, épico, temerario, fantástico y milagroso del pasado nacional. Naturalmente, posee muchos rasgos comu­nes a otros héroes legendarios de diversas literaturas» populares: valor, fuerza, pru­dencia y magnanimidad. Todo el mundo le teme, empezando por los propios turcos.

Es orgulloso, astuto, leal, resuelto y hospi­talario; defensor de la justicia, sólo cuan­do se ve provocado recorre a la violencia, pero, en cambio, cuando es ofendido reac­ciona y sabe vengarse despiadadamente: corta las manos y vacía los ojos a la bella Roxana, que se ha negado a unirse a él en matrimonio y le ha vilipendiado. Sin embargo, sabe también ser generoso: con­dona de buen grado la pena al turco ven­cido en una contienda, y, a instancias de los amigos, perdona al enemigo derrotado. Tiene sentimientos religiosos, y, aunque sabe también mostrarse cruel, no es insen­sible a la voz de la piedad; alberga en lo profundo de su corazón un gran amor por su madre y respeta los deberes de la amistad; no obstante, con los enemigos es inexorable, irascible y obstinado.

Ama las bestias, y, por encima de todas, su fiel corcel, con el que llega incluso a volar so­bre las nubes. Su espada realiza prodigios; su mano arroja las peñas al otro lado de los montes. Es, con mucho, el héroe legen­dario más popular de toda la península balcánica, inspirador de obras de arte aun en nuestros tiempos.

E. Damiani