Maggie

Heroína de la novela Maggie, muchacha de la calle (v.), del escritor ame­ricano Stephen Crane (1871-1900). Rechazada por los editores, esta obra fue impresa por cuenta de su autor en 1893, bajo el pseudónimo de Johnston Smith, y reeditada y distribuida en el año 1896.

Entre los numerosos escritos de aquel período acer­ca del «Bowery» de Nueva York — el ba­rrio bajo más célebre y de peor fama de la época—, Maggie se distingue por lo que erróneamente ha sido definido co­mo su «naturalismo»: entre el narrador y lo que éste cuenta no media convención imaginativa alguna de carácter pintoresco, sentimental, moral, humanitario, trágico o cómico; se trata, en cuanto es posible, de una selección de anotaciones visuales y auditivas, combinadas en una descripción formal básica más bien impuesta al con­tenido que exigida por éste. «La muchacha, Maggie, floreció en un lodazal. Al crecer, fue convirtiéndose en un producto extraor­dinariamente raro y sorprendente en un ba­rrio popular, en una graciosa muchacha».

Ésta, hija de padres irlandeses atontados y empobrecidos, es seducida por un «bar­man»; su madre, en un acceso de rabia moralizadora, la echa de su casa; Maggie va a vivir con su amante, es abandonada luego por éste, se entrega a la prosti­tución y muere ahogada. Su carácter es rudimentario, como el curso de su vida; sólo se conoce de ella su excesiva debilidad y su sangre demasiado ardiente, que no le permiten sobrevivir a la fría bru­talidad del mundo en que ha nacido. Mag­gie se somete a éste de una manera pa­siva, sin conformarse ni luchar contra él, pero sin asimilar tampoco su naturaleza en la suya, y lo sufre hasta que ya no pue­de resistir más y se abandona a la des­trucción. No se aviene a ningún género de vida personal que para ella pueda ima­ginar el lector, y las lágrimas que éste quiera verter son una concesión a sí mis­mo no alentada por el autor.

Más que una figura, Maggie es uno de aquellos ob­jetos inertes y sin voluntad cuyos movi­mientos inconscientes de un punto a otro de una selva metropolitana definen ope­raciones impersonales tan vacías de signi­ficación como esas mismas idas y venidas. Algunos de ellos sobreviven y otros no; Maggie es de estos últimos, pero la dife­rencia apenas se nota. La historia y su he­roína dan una visión de la vida humana cuya semejanza con el «naturalismo» de Europa no hace más que ocultar lo típica­mente americano; aquí la vida no apa­rece solamente despojada de las conven­ciones que la «falsifican», sino también de todas aquellas a través de las cuales puede ser especificada como existencia humana.

El individuo se convierte en algo desnudo y sin sentido, carente de interioridad moral y de toda otra coherencia íntima o for­mal, en medio de un universo también des­nudo y falto de significado. No es posible interpretación alguna-, por cuanto nada hay que pueda ser interpretado: no hay más que la lluvia de átomos ganchudos, de Lucrecio, sin ninguna Venus que los acoja en su seno.

S. Gjeist